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Tres debates presidenciales, tres finales, una certeza, lo importante no es ganar sino no perder

1960. “Algunos observadores políticos afirman que en el famoso debate televisivo entre Kennedy y Nixon en el año de 1960, el contraste entre la obvia vitalidad de Kennedy y el cansancio de Nixon (sumado a su poco expresividad habitual) tuvo más importancia que todo lo que dijeron (Davis, F. ‘La comunicación no verbal’ 57)”.

22 de Octubre de 2012. 60 millones de telespectadores ante el televisor (con un dispositivo móvil en la mano) y un empate en las encuestas, es el panorama que se encontraban Mitt Romney y Barack Obama en el cuarto y último debate de esta campaña electoral, el tercero presidencial. Si lo
último que recuerdas es la primera sensación que dejaste, Romney recuerda al hielo, empezó frío con la cuestión del debate, política exterior. Además, Obama comenzó enumerando éxitos (real) y comparándolas con lo que no hará Romney (fracaso potencial). Tradicionalmente, la política exterior era un tema fundamental para llegar a la Casa Blanca pero la crisis ha cambiado hasta esto.

Con una victoria en cada uno en los dos debates realizados, el presidente de Estados Unidos Barack Obama y su rival republicano Mitt Romney se han vuelto a ver hoy las caras ante las cámaras de televisión, en el último duelo dialéctico que se ha celebrado en Boca Ratón, Florida. Apenas faltan dos semanas para las elecciones del 6 de noviembre y los analistas coinciden en que Obama partía como favorito en este último, de los tres debates, de 90 minutos que se ha centrado en política exterior. Hasta la fecha, Romney ha dado pocos detalles durante la campaña electoral sobre sus planes en esa materia. Con todo esto, la carrera hacia la Casa Blanca sigue muy ajustada ya que según todas las encuestas nacionales, ambos candidatos están prácticamente empatados. También en varios de los estados más disputados como Florida, uno de los denominados “swing states” (estados de voto cambiante), la brecha entre Obama y Romney se ha ido cerrando en las últimas semanas (coincidente con el segundo y tercer debate debate). En cuanto a los memes, los temas decisivos en las elecciones suelen ser la economía y el mercado laboral. Pero en esta ajustada carrera, la política exterior también tiene más importancia de lo que se creemos.

Foto: Reuters

En este tercer debate, el cruce dialéctico se ha centrado sobre el papel de Estados Unidos en el mundo, la política de seguridad en Afganistán, Irán, Oriente Próximo y el desafío de China como potencia en ascenso. Hasta la fecha, Romney ha conseguido puntos en el ámbito económico, pero en política exterior no tiene prácticamente ninguna experiencia, a diferencia de Obama que ya sabemos utiliza la estrategia de confrontar con Romney sólo cuando él interviene y al final de la misma para así dar la única opción a Romney de contestarle y de este modo, no tener el tiempo total para lanzar su mensaje. Las meteduras de pata en los viajes al extranjero de este verano y en el segundo debate televisivo de hace una semana subrayaron esta carencia del republicano. En el segundo duelo televisivo con formato talk-show, Romney acusó falsamente a Obama de no haber calificado de un acto terrorista el ataque contra el consulado estadounidense en la localidad libia de Bengasi.

En cuanto al formato, la comunicación no verbal se ha centrado sobre todo en las manos y como no, en las expresiones de la cara y la dirección de la mirada, ya que han permanecido sentados frente al público y el moderador (mismo formato que el debate de vicepresidentes).

No obstante, el último debate no era para Obama determinante. En el primer debate el 3 de octubre, centrado en cuestiones económicas y de política interior, el presidente sorprendentemente compareció débil y cedió terreno a Romney. La campaña demócrata ya había recordado antes de este primer “cara a cara” que Obama llevaba cuatro años sin debatir, a diferencia de Romney, que durante las primarias republicanas participó en más de una decena de debates.

Lo cierto es que el presidente estuvo cabizbajo en algunos momentos del debate, nervioso al principio y le costó transmitir las propuestas para un segundo mandato que ha venido repitiendo desde hace meses en mítines y actos de campaña . En el segundo cara a cara el martes de la semana pasada, el mandatario ganó el terreno perdido con el aplomo de sus intervenciones. En este segundo cara a cara, los candidatos compitieron por temas como la educación, el sistema financiero, Oriente Medio y la bajada de impuestos.

Foto: Reuters

“Presidente, ¿ha mirado su pensión?, preguntaba Romney. “No, no es tan alta como la tuya”, respondía Obama. Con frases como esta, la audiencia pudo asistir a un combate más agresivo entre los dos candidatos, lleno de ironía y con la guardia alta. Se esperaba, sin embargo, que el tercer debate sea menos duro, pues las diferencias en el terreno diplomático son menores entre ambos candidatos. El debate ha marcado, no obstante, el inicio de la recta final de la campaña electoral en donde Obama realizará una visita relámpago el miércoles y el jueves, a cinco de los “swing states”, que podrían hacer decantar las elecciones.

Y ahora, ¿qué?

Posiblemente el 6 de noviembre se demostrará que quien gana debates, no necesariamente gana elecciones. Los investigadores sobre los efectos de los debates electorales encuentran una gran dificultad para establecer conclusiones sólidas sobre ello. Esta dificultad radica, por una parte, en la enorme variedad de condiciones (contexto político y social, escenario, panorama de audiencias, etc.) en las que se celebran los debates, lo que impide la extrapolación de resultados de estudios puntuales. En segundo lugar, los debates constituyen sólo una información más de las múltiples a las que un votante se expone en campaña electoral. De ahí que resulte muy difícil identificar cuál ha sido exactamente el efecto del debate, más cuando son los políticos y no los investigadores quienes controlan las condiciones de la celebración del debate, algo que impide incluir determinadas variables en un análisis. Uno de los efectos más contundentes de los debates electorales es la atracción de audiencias masivas.

Los debates refuerzan las tendencias políticas de la audiencia. Se cumple, en los debates electorales, la teoría del refuerzo ligada al proceso de percepción selectiva: la gente se expone al debate prejuiciada por sus propias tendencias políticas. Ve lo que quiere ver. Como consecuencia, los
telespectadores traducen las informaciones en evaluaciones que coinciden con sus disposiciones políticas principales: percibe que quien ha ganado es su candidato y discute sobre ello con gente que tiene la misma orientación política.

Pero la investigación afirma también que, superada la percepción selectiva, el votante puede dar la victoria del debate al candidato ajeno, sin que eso se traduzca en un cambio de voto. Ejemplo paradigmático de esto son los resultados tras el debate entre Mondale y Reagan en 1984: el 61% dio
la victoria a Mondale, juicio no reflejado luego en los resultados electorales. Por último, los debates influyen en los indecisos, congelando la campaña en favor del candidato más carismático, que será quien se lleve a éstos.

Los debates tienen además otros efectos. Establecen la agenda del público: los temas que salen a debate son aquellos que luego la gente considera más importantes. Además, incrementan el conocimiento que la gente tiene de la política. Ahora bien, los resultados parecen sugerir que la agenda de temas de los contrincantes no coincide con la agenda de los ciudadanos sino de los periodistas o partidos políticos. Por último, los debates modifican las imágenes del público sobre los candidatos. Qué de la imagen de los candidatos pueda afectar en el futuro al voto (a los comportamientos) es una cuestión sobre la que la investigación en comunicación política no ha conseguido todavía orientaciones, al menos clarificadoras. Me reitero, posiblemente el 6 de noviembre se demostrará que quien gana debates, no necesariamente gana elecciones.

Mar Vázquez Lorca

Asesora en Comunicación Pública y Política. Licenciada en Periodismo por la Universidad de Sevilla y Máster en Comunicación Institucional y Política de la Universidad Carlos III, Unidad Editorial y Cremades Calvo & Sotelo. Dircom de mcomunicación

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