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¿La clave de la campaña de Obama? Actuar y no esperar.

Alabama. Fría mañana de diciembre del año 1955. Una costurera afroamericana llamada Rosa Parks se niega a ceder su asiento a un hombre de raza blanca en el autobús que le llevaba de vuelta a casa después del trabajo. Personas como Rosa Parks tenían claro que las cosas podían cambiar. Que en 1955, ella podía cambiar las leyes de segregación social.

Foto: CNN

Gracias a esta acción de Rosa Parks, un indignado y joven desconocido llamado Martin Luther King, organizó una oleada de protestas contra la segregación en los autobuses públicos que duró 382 días e hizo saber al mundo que él tenía un sueño. Gracias a ese sueño y sobre todo, gracias a comunicarlo de la mejor manera que se puede comunicar algo, repitiéndolo una y otra vez, la primera potencia mundial, tiene hoy en día un presidente afroamericano. Porque en 2008 algo ocurrió, la historia cambió y hablamos de la historia más importante, la historia de nuestro tiempo.

Barack Obama acaba de ser reelegido como presidente de Estados Unidos gracias en gran parte a una campaña que ha durado quizás demasiado, cuatro años desde 2008 (demasiado, si le preguntan a la peque Abigael). Una campaña excelente para una chica de 25 años a la que le han dado la oportunidad de observar desde un lugar privilegiado cómo se trabaja y se busca la confianza y por tanto, el voto a voto, uno por uno, casi 24 horas al día. Por lo que a diferencia de Europa, el voto se busca no se espera. Se planifica no se diagnostica. Es decir, se actúa antes de esperar unos resultados que aquí sólo se diagnostican. Y eso es algo que personalmente, más me ha sorprendido.
Quizás, porque tiene que ver mucho conmigo, con mi personalidad: lanzarme y actuar.

LA CAMPAÑA

El mensaje (La importancia del “You”)

La campaña y estrategia de recaudación, ha centrado su mensaje en historias potentes y reales de la gente común. Motivar a cualquier votante y hacerle sentir que su aportación es lo más importante para la campaña. De ahí la utilización de ese “You” impersonal de no sólo Obama o Biden, sino también utilizado por Bill Clinton. ¿Por qué?. Porque las cifras hablan por sí solas, la candidatura de Barak Obama sobrepasó los 3,5 millones de donantes desde que iniciara su camino hacia la Casa Blanca en 2008. En ese año y esa campaña, el 94% aportó menos de 200$, mientras que este porcentaje fue del 13% en el caso del republicano, McCain, que hay que recordar optó por los medios tradicionales de recaudación.

Optar por el “poco de muchos” como alternativa al “mucho de pocos” ha dado grandes resultados. Estos fondos hicieron posible cuando llegó el momento, poner en marcha una potente maquinaria de marketing directo cimentada en los datos obtenidos a través de las redes sociales.

La enorme fuerza de las imágenes (relato en su uso)

Obama domina como pocos las técnicas de la persuasión también comunicando a través de imágenes. Sigue el famoso método AIDA (Atención, Interés, Desarrollo y Acción) y crea un terreno común con su electorado, llamando su atención sobre problemas cotidianos y creándole imágenes
que le resultan fácil de asimilar, para después captar su interés. Y es lo que ocurre con el uso estratégico de las imágenes en campaña. Hemos sido testigos de ello en los perfiles del candidato y primera dama en Instagram o Facebook (también interesantes pins en Pinterest).

Michelle (la mejor asesora)

Foto: Instagram Obama

Es primera dama desde hace 4 años, aunque desde mucho antes ya despertaba más opiniones favorables que su marido. Precisamente, el equipo de campaña de su marido, ha decidido enviarla a estados cruciales para ayudar a recuperar la ventaja que se redujo a dos semanas de los comicios presidenciales.

“¿Saben qué se siente en esta habitación? Se siente como que estaremos cuatro años más aquí”, dijo Michelle en referencia a un nuevo mandato, ante unos 2,500 espectadores que la ovacionaron en Wisconsin. Algunos, por cierto, esperaron la noche entera en el sitio para verla.

Para entender el papel de Michelle Obama en la campaña de su marido, alguien que la conoce muy bien, Anita McBride, quien dirige su oficina: “Michelle Obama puede dar argumentos que nadie más puede esgrimir en favor de su marido durante la contienda contra el republicano Mitt Romney”.
Una de las partes que Michelle Obama prefiere de la campaña es que ésta le brinda la capacidad de elogiar a su marido sin que la escuche, según dijo al público en Wisconsin. “Así que no le digan cuánto lo amo en realidad… Esto queda entre ustedes y yo”.

Todos los que hemos estado aquí, hemos observado que Michelle Obama es inteligente para los actos de campaña y muestra más entusiasmo ahora que en 2008. Al comienzo de aquella campaña, pareció reacia a hablar en nombre de su marido. En 2012, ha estado más suelta. Los discursos
proselitistas de la primera dama combinan aspectos privados y políticos. Ofrecen vistazos de la vida en la Casa Blanca y revelan motivos por los que se casó con el mandatario, cuyas políticas y carácter defiende apasionadamente. Ha implorado a las multitudes que voten, e instado a familiares y amigos a que hagan lo propio (Recuerden a lo que me refería por ganarse el voto a voto). Ha sido ella quien ha movilizado a las bases del partido demócrata (mucho más dormida que en 2008) y al voto popular.

Sus dotes como oradoras los observamos durante su discurso en la Convención Demócrata. Un discurso que ciertamente, marcó su papel en la campaña.

Mitt Romney (y sus bandazos ideológicos) 

En esta larga campaña electoral (en su caso, ha durado cuatro años, desde que Barack Obama ganó en 2008) los electores no han logrado saber quién es en realidad Mitt Romney, dada su querencia no ya a cambiar su discurso según el auditorio, que también, sino a decir lo mismo y lo contrario, a dar bandazos ideológicos demasiados evidentes. Porque lo más sincero que se le ha escuchado es su desdén hacia el 47% de los estadounidenses que necesitan algún tipo de ayuda pública. Porque de lo poco de sus políticas que ha quedado claro es que bajará los impuestos, sobre todo a los ricos, y esto implica o déficit o desmantelamiento del Estado en la línea del Tea Party. En cualquier caso, más desigualdad garantizada, mayor brecha entre el 99% y el 1%.

En el fondo, Romney ha sido prisionero del frente ultraderechista, populista e irracional, que sufre el Partido Republicano desde hace años y que se ha acentuado tras la victoria de Obama. Ya que la irracionalidad y el partidismo atroz en asuntos capitales (la política fiscal, por ejemplo) se ha
instalado en el movimiento conservador, y porque para muchos estadounidenses el GOP es sinónimo de amenaza, y grave, contra derechos civiles conquistados y por conquistar. Porque Romney jugó primero a satisfacer a los ultras, después a moderarse y finalmente, reclamó a Paul
Ryan. También, porque en los Estados Unidos de hoy es muy difícil llegar a la Casa Blanca siendo un candidato solo para blancos y porque, pese a los muchos decepcionados con Obama, no ha capitalizado el descontento de los que perdieron la esperanza.

Latinos y su “Yo decido”

Foto: Instagram Obama

¿Por qué importa lo que los latinos de Estados Unidos decidan en las urnas tanto?. La primera explicación se basa en pura estadística: los latinos en Estados Unidos son cada vez más. Uno de cada seis habitantes, en concreto y además, representan 16,3% de la población del país, según
reveló el censo de 2010, lo que los convierte en la minoría étnica más numerosa, y se dice que para 2050 podrían alcanzar la marca de 30%. Otra de las razones por las cuales el voto hispano es esencial para los dos partidos, es porque la masa de votantes es, ante todo, joven. Es decir, recién
llegados al sistema político y muchos de ellos elegirán presidente por primera vez en 2012.
Recordemos que por definición, el joven es menos susceptible de tener una filiación partidaria ya establecida. Los consultores políticos lo definimos como un voto “up for grabs”, una expresión en inglés que señala que está disponible para quien quiera competir por conseguirlo.

Parece que es imposible ganar las elecciones en Estados Unidos, sin al menos un 30% de los votos latinos, y Mitt Romney apenas ha llegado al 27%.

Internet, Redes Sociales y la comunidad a favor Obama

Los dos pilares fundaménteles sobre los cuales ha girado la campaña: Blog
http://www.barackobama.com y su propia red social www.my.barackobama.com o MyBO (esta red ha recaudado, como en 2008, más que el candidato republicano y el partido Republicano juntos). Toda esta estrategia 2.0 de Obama en otras redes sociales, se ha orientado en llevar a sus seguidores a estos dos puntos de encuentro.
En cuento a las Redes sociales, Obama ha tenido presencia en todas las redes sociales que le es posible, de esta manera aprovechando cada voto (Facebook, Twitter, Youtube, Instagram, MySpace, Pinterest y hasta redes menores como AsianAve.com o BlackPlanet.com).

El objetivo de esta presencia no ha sido otro que el de movilizar a su electorado e indicarles que MyBO era el sitio en el que debían de estar, para colaborar con la campaña. Se ha querido dar la oportunidad de participar en la campaña a todo aquel que quisiera.

Caso aparte, ha sido el uso dado a Twitter. Twitter ha permitido reacciones rápidas, desde el perfil de Obama se ha respondido en poco tiempo a cualquier declaración de otro candidato sólo unos minutos después de que se hicieran públicas. Twitter ha aportado dos ventajas, responder
inmediatamente y que esa respuesta fuese estudiada durante unos minutos por el equipo de campaña. En una campaña tradicional, el candidato tiene que calcular si merece la pena responder a otro candidato y entrar en su juego o si es mejor centrarse en su mensaje y no responder al rival. No disponer de posibilidades de impacto suficiente (tiempo en TV, radios…) para hacerlo todo, por lo tanto.

Foto: Instagram Obama

My.BarackObama.com por ejemplo, en menos de dos años consiguió un millón de activos colaboradores. Este fue el motor de relaciones sociales casi perfecto, entre cuyos cometidos han destacado por ejemplo: captar fondos para la campaña y movilización y coordinación de voluntarios.

Esta red social similar a Facebook ha permitido a los simpatizantes de Obama, crear su propio perfil, su blog personal o su lista de amigos. Permite la asociación por grupos, la recaudación de fondos, la organización de eventos y todo ello con una interfaz de uso muy similar a Facebook. En
definitiva, MyBO ha dado la oportunidad de sentirse útil a todos sus usuarios, lo que ha generado oleadas de voluntarios para la candidatura, haciendo posible al ciudadano medio sentirse importante en una campaña presidencial americana.

En YouTube, Obama y su equipo han visto la forma de propagar el mensaje que querían trasmitir sin limitarse a escasos 10 segundos (los que te dejan en un corte de informativos). YouTube ofrece al público acceso a todo el discurso, no sólo unos segundos, y acceso las 24 horas del día. Un dato:
50 millones de espectadores pasaron 14 millones de horas viendo vídeos relacionados con la campaña de 2008 de Obama en su canal en YouTube.

Barack Obama hizo un gran trabajo con los videos de YouTube. Orientó los videos para que sonaran todo el tiempo con la misma fuerza que los diez segundos elegidos por los informativos.
Por otro lado, esto le supuso una gran cantidad de publicidad prácticamente gratuita (costes de rodaje y mucho trabajo). Un impacto publicitario en televisión de 50 millones de personas atentas a tus anuncios durante 17 minutos de media, tendrían un coste inimaginable. Y esto es lo que se
consiguió en YouTube.

Bill Clinton y ¿2016?

Su actuación ha sido estratégica desde la Convención Demócrata. Él le aconsejó que presentara a Mitt Romney como vicepresidente, incidiendo en que es símbolo de Wall Street. Desde el huracán ‘Sandy’, ha sido el principal apoyo de Obama en campaña y su intervención le ha dado la victoria en los estados claves de Virginia y Ohio.

¿Y en España?
Puede que no sea hoy ni mañana, pero el partido que no acierte con su estrategia 2.0 lo terminará pagando. Obama entiende la red a la perfección cuando los políticos españoles, salvo excepciones contadas, aún no la entienden en absoluto.

Tres debates presidenciales, tres finales, una certeza, lo importante no es ganar sino no perder

1960. “Algunos observadores políticos afirman que en el famoso debate televisivo entre Kennedy y Nixon en el año de 1960, el contraste entre la obvia vitalidad de Kennedy y el cansancio de Nixon (sumado a su poco expresividad habitual) tuvo más importancia que todo lo que dijeron (Davis, F. ‘La comunicación no verbal’ 57)”.

22 de Octubre de 2012. 60 millones de telespectadores ante el televisor (con un dispositivo móvil en la mano) y un empate en las encuestas, es el panorama que se encontraban Mitt Romney y Barack Obama en el cuarto y último debate de esta campaña electoral, el tercero presidencial. Si lo
último que recuerdas es la primera sensación que dejaste, Romney recuerda al hielo, empezó frío con la cuestión del debate, política exterior. Además, Obama comenzó enumerando éxitos (real) y comparándolas con lo que no hará Romney (fracaso potencial). Tradicionalmente, la política exterior era un tema fundamental para llegar a la Casa Blanca pero la crisis ha cambiado hasta esto.

Con una victoria en cada uno en los dos debates realizados, el presidente de Estados Unidos Barack Obama y su rival republicano Mitt Romney se han vuelto a ver hoy las caras ante las cámaras de televisión, en el último duelo dialéctico que se ha celebrado en Boca Ratón, Florida. Apenas faltan dos semanas para las elecciones del 6 de noviembre y los analistas coinciden en que Obama partía como favorito en este último, de los tres debates, de 90 minutos que se ha centrado en política exterior. Hasta la fecha, Romney ha dado pocos detalles durante la campaña electoral sobre sus planes en esa materia. Con todo esto, la carrera hacia la Casa Blanca sigue muy ajustada ya que según todas las encuestas nacionales, ambos candidatos están prácticamente empatados. También en varios de los estados más disputados como Florida, uno de los denominados “swing states” (estados de voto cambiante), la brecha entre Obama y Romney se ha ido cerrando en las últimas semanas (coincidente con el segundo y tercer debate debate). En cuanto a los memes, los temas decisivos en las elecciones suelen ser la economía y el mercado laboral. Pero en esta ajustada carrera, la política exterior también tiene más importancia de lo que se creemos.

Foto: Reuters

En este tercer debate, el cruce dialéctico se ha centrado sobre el papel de Estados Unidos en el mundo, la política de seguridad en Afganistán, Irán, Oriente Próximo y el desafío de China como potencia en ascenso. Hasta la fecha, Romney ha conseguido puntos en el ámbito económico, pero en política exterior no tiene prácticamente ninguna experiencia, a diferencia de Obama que ya sabemos utiliza la estrategia de confrontar con Romney sólo cuando él interviene y al final de la misma para así dar la única opción a Romney de contestarle y de este modo, no tener el tiempo total para lanzar su mensaje. Las meteduras de pata en los viajes al extranjero de este verano y en el segundo debate televisivo de hace una semana subrayaron esta carencia del republicano. En el segundo duelo televisivo con formato talk-show, Romney acusó falsamente a Obama de no haber calificado de un acto terrorista el ataque contra el consulado estadounidense en la localidad libia de Bengasi.

En cuanto al formato, la comunicación no verbal se ha centrado sobre todo en las manos y como no, en las expresiones de la cara y la dirección de la mirada, ya que han permanecido sentados frente al público y el moderador (mismo formato que el debate de vicepresidentes).

No obstante, el último debate no era para Obama determinante. En el primer debate el 3 de octubre, centrado en cuestiones económicas y de política interior, el presidente sorprendentemente compareció débil y cedió terreno a Romney. La campaña demócrata ya había recordado antes de este primer “cara a cara” que Obama llevaba cuatro años sin debatir, a diferencia de Romney, que durante las primarias republicanas participó en más de una decena de debates.

Lo cierto es que el presidente estuvo cabizbajo en algunos momentos del debate, nervioso al principio y le costó transmitir las propuestas para un segundo mandato que ha venido repitiendo desde hace meses en mítines y actos de campaña . En el segundo cara a cara el martes de la semana pasada, el mandatario ganó el terreno perdido con el aplomo de sus intervenciones. En este segundo cara a cara, los candidatos compitieron por temas como la educación, el sistema financiero, Oriente Medio y la bajada de impuestos.

Foto: Reuters

“Presidente, ¿ha mirado su pensión?, preguntaba Romney. “No, no es tan alta como la tuya”, respondía Obama. Con frases como esta, la audiencia pudo asistir a un combate más agresivo entre los dos candidatos, lleno de ironía y con la guardia alta. Se esperaba, sin embargo, que el tercer debate sea menos duro, pues las diferencias en el terreno diplomático son menores entre ambos candidatos. El debate ha marcado, no obstante, el inicio de la recta final de la campaña electoral en donde Obama realizará una visita relámpago el miércoles y el jueves, a cinco de los “swing states”, que podrían hacer decantar las elecciones.

Y ahora, ¿qué?

Posiblemente el 6 de noviembre se demostrará que quien gana debates, no necesariamente gana elecciones. Los investigadores sobre los efectos de los debates electorales encuentran una gran dificultad para establecer conclusiones sólidas sobre ello. Esta dificultad radica, por una parte, en la enorme variedad de condiciones (contexto político y social, escenario, panorama de audiencias, etc.) en las que se celebran los debates, lo que impide la extrapolación de resultados de estudios puntuales. En segundo lugar, los debates constituyen sólo una información más de las múltiples a las que un votante se expone en campaña electoral. De ahí que resulte muy difícil identificar cuál ha sido exactamente el efecto del debate, más cuando son los políticos y no los investigadores quienes controlan las condiciones de la celebración del debate, algo que impide incluir determinadas variables en un análisis. Uno de los efectos más contundentes de los debates electorales es la atracción de audiencias masivas.

Los debates refuerzan las tendencias políticas de la audiencia. Se cumple, en los debates electorales, la teoría del refuerzo ligada al proceso de percepción selectiva: la gente se expone al debate prejuiciada por sus propias tendencias políticas. Ve lo que quiere ver. Como consecuencia, los
telespectadores traducen las informaciones en evaluaciones que coinciden con sus disposiciones políticas principales: percibe que quien ha ganado es su candidato y discute sobre ello con gente que tiene la misma orientación política.

Pero la investigación afirma también que, superada la percepción selectiva, el votante puede dar la victoria del debate al candidato ajeno, sin que eso se traduzca en un cambio de voto. Ejemplo paradigmático de esto son los resultados tras el debate entre Mondale y Reagan en 1984: el 61% dio
la victoria a Mondale, juicio no reflejado luego en los resultados electorales. Por último, los debates influyen en los indecisos, congelando la campaña en favor del candidato más carismático, que será quien se lleve a éstos.

Los debates tienen además otros efectos. Establecen la agenda del público: los temas que salen a debate son aquellos que luego la gente considera más importantes. Además, incrementan el conocimiento que la gente tiene de la política. Ahora bien, los resultados parecen sugerir que la agenda de temas de los contrincantes no coincide con la agenda de los ciudadanos sino de los periodistas o partidos políticos. Por último, los debates modifican las imágenes del público sobre los candidatos. Qué de la imagen de los candidatos pueda afectar en el futuro al voto (a los comportamientos) es una cuestión sobre la que la investigación en comunicación política no ha conseguido todavía orientaciones, al menos clarificadoras. Me reitero, posiblemente el 6 de noviembre se demostrará que quien gana debates, no necesariamente gana elecciones.

6 puntos sobre el debate entre Paul Ryan y Joe Biden

 

Presión: los dos candidatos entraron el debate con muchas presión, Ryan tenia que mantener el momento de Romney y Biden tenia que pararlo.

Biden: ¿luchador o demasiado agresivo? Entre los analistas políticas es casi unánime que fue demasiado agresivo, por supuesto fue demasiado agresivo y incluso maleducado según a los Republicanos, pero para la base Demócrata, fue un luchador en un momento que hacia falta.

Gran ganadora de la noche fue la moderadora Martha Radditz que gestionaba bien a los candidatos y tenia preguntas difíciles y relevantes. Sobre todo lucia en sus preguntas sobre la política exterior, su especialidad.

Mujeresson votantes muy importantes, unos 10 millones más mujeres votaron que hombres en 2008. Hacia falta una lucha para que la comisión de debates incluyeron moderadoras femeninas y Raddatz comprobó que merecía el nombramiento.

El aborto: Y Raddatz no tenia miedo de preguntar a los dos candidatos Católicos su posición sobre el tema tan sensible y importante para las mujeres: el aborto. Ryan mostró una evolución como Romney: en el pasado ha sido absolutamente en contra del aborto incluso para incesto, violaciones o la salud de la madre y en el debate hablaba de permitirlo para esas excepciones.

Encuestas: según al fivethirtyeight blog de encuestas del NY Times, las encuestas dan un empate o una ligera ventaja a Biden después del debate. Aún más que los debates presidenciales, los debates entre los candidatos vicepresidentes no suelen cambiar las encuestas entre los dos candidatos presidenciales. Pero, en este elección hay muy poco indecisos, entonces, aminar el base es el elemento imprescindible y con eso, Biden ha hecho muy bien su tarea.

Obama le gana la partida a Romney

Foto: conferencia demócrata

#Obama ya supera en intención de voto a #Romney en 7 puntos en el camino a las elecciones de EEUU que tendrán lugar el 6 de noviembre y que os iremos contando con estadísticas y retransmisión de actos ;).

En las encuestas realizadas por Reuters/Ipsos, 990 encuestados, Obama obtiene un 48% de intención de voto frente al 41% que lo hace por #Romney. Estos datos mejoran el anterior resultado que dejaba la diferencia de intención de voto en 2 puntos.

El 41% de los encuestados apoyaba las medidas de @BarackObama relativa a impuestos, frente al 30% que lo hizo con las de @MittRomney. En sanidad, Obama gana con un 44% frente al 28%, en seguridad social 39% frente a 27% y en política antiterrorista lo hace con un 39% frente al 25%. Estos últimos datos no incluyen el parecer americano sobre los últimos atentados de la consulado americano de Bengasi, donde murió el embajador Chris Stevens.

Si hablamos de economía Obama y Romney está practicamente empatados, 36 frente a 35% y en materia de empleo pese a lo que se puede pensar por las últimas informaciones de paro en EEUU, el resultado fue de 38% de apoyo a Obama frente al 35% de Romney.

Fuente: Agencias. #Europapress

President Barack Obama Full DNC Speech2012 #obama

Aquí os dejamos el discurso completo de Barack Obama en el DNC2012, más abajo podéis ver el vídeo completo, esperamos q os guste.

Foto: video youtube

 

“Michelle, I love you. The other night, I think the entire country saw just how lucky I am. Malia and Sasha, you make me so proud…but don’t get any ideas, you’re still going to class tomorrow.  And Joe Biden, thank you for being the best Vice President I could ever hope for.

Madam Chairwoman, delegates, I accept your nomination for President of the United States.

The first time I addressed this convention in 2004, I was a younger man; a Senate candidate from Illinois who spoke about hope – not blind optimism or wishful thinking, but hope in the face of difficulty; hope in the face of uncertainty; that dogged faith in the future which has pushed this nation forward, even when the odds are great; even when the road is long.

Eight years later, that hope has been tested – by the cost of war; by one of the worst economic crises in history; and by political gridlock that’s left us wondering whether it’s still possible to tackle the challenges of our time.

I know that campaigns can seem small, and even silly.  Trivial things become big distractions.  Serious issues become sound bites.  And the truth gets buried under an avalanche of money and advertising.  If you’re sick of hearing me approve this message, believe me – so am I.

But when all is said and done – when you pick up that ballot to vote – you will face the clearest choice of any time in a generation.  Over the next few years, big decisions will be made in Washington, on jobs and the economy; taxes and deficits; energy and education; war and peace – decisions that will have a huge impact on our lives and our children’s lives for decades to come.

On every issue, the choice you face won’t be just between two candidates or two parties.

It will be a choice between two different paths for America.

A choice between two fundamentally different visions for the future.

Ours is a fight to restore the values that built the largest middle class and the strongest economy the world has ever known; the values my grandfather defended as a soldier in Patton’s Army; the values that drove my grandmother to work on a bomber assembly line while he was gone.

They knew they were part of something larger – a nation that triumphed over fascism and depression; a nation where the most innovative businesses turned out the world’s best products, and everyone shared in the pride and success – from the corner office to the factory floor.  My grandparents were given the chance to go to college, buy their first home, and fulfill the basic bargain at the heart of America’s story:  the promise that hard work will pay off; that responsibility will be rewarded; that everyone gets a fair shot, and everyone does their fair share, and everyone plays by the same rules – from Main Street to Wall Street to Washington, DC.

I ran for President because I saw that basic bargain slipping away.  I began my career helping people in the shadow of a shuttered steel mill, at a time when too many good jobs were starting to move overseas.  And by 2008, we had seen nearly a decade in which families struggled with costs that kept rising but paychecks that didn’t; racking up more and more debt just to make the mortgage or pay tuition; to put gas in the car or food on the table.  And when the house of cards collapsed in the Great Recession, millions of innocent Americans lost their jobs, their homes, and their life savings – a tragedy from which we are still fighting to recover.

Now, our friends at the Republican convention were more than happy to talk about everything they think is wrong with America, but they didn’t have much to say about how they’d make it right.  They want your vote, but they don’t want you to know their plan.  And that’s because all they have to offer is the same prescription they’ve had for the last thirty years:

“Have a surplus? Try a tax cut.”

“Deficit too high? Try another.”

“Feel a cold coming on? Take two tax cuts, roll back some regulations, and call us in the morning!”

Now, I’ve cut taxes for those who need it – middle-class families and small businesses.  But I don’t believe that another round of tax breaks for millionaires will bring good jobs to our shores, or pay down our deficit.  I don’t believe that firing teachers or kicking students off financial aid will grow the economy, or help us compete with the scientists and engineers coming out of China.  After all that we’ve been through, I don’t believe that rolling back regulations on Wall Street will help the small businesswoman expand, or the laid-off construction worker keep his home.  We’ve been there, we’ve tried that, and we’re not going back.   We’re moving forward.

I won’t pretend the path I’m offering is quick or easy.  I never have.  You didn’t elect me to tell you what you wanted to hear.  You elected me to tell you the truth.  And the truth is, it will take more than a few years for us to solve challenges that have built up over decades.  It will require common effort, shared responsibility, and the kind of bold, persistent experimentation that Franklin Roosevelt pursued during the only crisis worse than this one.  And by the way – those of us who carry on his party’s legacy should remember that not every problem can be remedied with another government program or dictate from Washington.

But know this, America:  Our problems can be solved.  Our challenges can be met.  The path we offer may be harder, but it leads to a better place. And I’m asking you to choose that future.  I’m asking you to rally around a set of goals for your country – goals in manufacturing, energy, education, national security, and the deficit; a real, achievable plan that will lead to new jobs, more opportunity, and rebuild this economy on a stronger foundation.   That’s what we can do in the next four years, and that’s why I’m running for a second term as President of the United States.

We can choose a future where we export more products and outsource fewer jobs.  After a decade that was defined by what we bought and borrowed, we’re getting back to basics, and doing what America has always done best:

We’re making things again.

I’ve met workers in Detroit and Toledo who feared they’d never build another American car.  Today, they can’t build them fast enough, because we reinvented a dying auto industry that’s back on top of the world.

I’ve worked with business leaders who are bringing jobs back to America – not because our workers make less pay, but because we make better products.  Because we work harder and smarter than anyone else.

I’ve signed trade agreements that are helping our companies sell more goods to millions of new customers – goods that are stamped with three proud words:  Made in America.

After a decade of decline, this country created over half a million manufacturing jobs in the last two and a half years.  And now you have a choice:  we can give more tax breaks to corporations that ship jobs overseas, or we can start rewarding companies that open new plants and train new workers and create new jobs here, in the United States of America.  We can help big factories and small businesses double their exports, and if we choose this path, we can create a million new manufacturing jobs in the next four years.  You can make that happen.  You can choose that future.

You can choose the path where we control more of our own energy.  After thirty years of inaction, we raised fuel standards so that by the middle of the next decade, cars and trucks will go twice as far on a gallon of gas.   We’ve doubled our use of renewable energy, and thousands of Americans have jobs today building wind turbines and long-lasting batteries.  In the last year alone, we cut oil imports by one million barrels a day – more than any administration in recent history.  And today, the United States of America is less dependent on foreign oil than at any time in nearly two decades.

Now you have a choice – between a strategy that reverses this progress, or one that builds on it.  We’ve opened millions of new acres for oil and gas exploration in the last three years, and we’ll open more.  But unlike my opponent, I will not let oil companies write this country’s energy plan, or endanger our coastlines, or collect another $4 billion in corporate welfare from our taxpayers.

We’re offering a better path – a future where we keep investing in wind and solar and clean coal; where farmers and scientists harness new biofuels to power our cars and trucks; where construction workers build homes and factories that waste less energy; where we develop a hundred year supply of natural gas that’s right beneath our feet.  If you choose this path, we can cut our oil imports in half by 2020 and support more than 600,000 new jobs in natural gas alone.

And yes, my plan will continue to reduce the carbon pollution that is heating our planet – because climate change is not a hoax.  More droughts and floods and wildfires are not a joke.  They’re a threat to our children’s future.  And in this election, you can do something about it.

You can choose a future where more Americans have the chance to gain the skills they need to compete, no matter how old they are or how much money they have.  Education was the gateway to opportunity for me.  It was the gateway for Michelle.  And now more than ever, it is the gateway to a middle-class life.

For the first time in a generation, nearly every state has answered our call to raise their standards for teaching and learning.  Some of the worst schools in the country have made real gains in math and reading.  Millions of students are paying less for college today because we finally took on a system that wasted billions of taxpayer dollars on banks and lenders.

And now you have a choice – we can gut education, or we can decide that in the United States of America, no child should have her dreams deferred because of a crowded classroom or a crumbling school.  No family should have to set aside a college acceptance letter because they don’t have the money.  No company should have to look for workers in China because they couldn’t find any with the right skills here at home.

Government has a role in this.  But teachers must inspire; principals must lead; parents must instill a thirst for learning, and students, you’ve got to do the work.  And together, I promise you – we can out-educate and out-compete any country on Earth.  Help me recruit 100,000 math and science teachers in the next ten years, and improve early childhood education.  Help give two million workers the chance to learn skills at their community college that will lead directly to a job.  Help us work with colleges and universities to cut in half the growth of tuition costs over the next ten years.  We can meet that goal together.  You can choose that future for America.

In a world of new threats and new challenges, you can choose leadership that has been tested and proven.  Four years ago, I promised to end the war in Iraq.  We did.  I promised to refocus on the terrorists who actually attacked us on 9/11.  We have.  We’ve blunted the Taliban’s momentum in Afghanistan, and in 2014, our longest war will be over.  A new tower rises above the New York skyline, al Qaeda is on the path to defeat, and Osama bin Laden is dead.

Tonight, we pay tribute to the Americans who still serve in harm’s way.  We are forever in debt to a generation whose sacrifice has made this country safer and more respected.  We will never forget you.  And so long as I’m Commander-in-Chief, we will sustain the strongest military the world has ever known.  When you take off the uniform, we will serve you as well as you’ve served us – because no one who fights for this country should have to fight for a job, or a roof over their head, or the care that they need when they come home.

Around the world, we’ve strengthened old alliances and forged new coalitions to stop the spread of nuclear weapons.  We’ve reasserted our power across the Pacific and stood up to China on behalf of our workers.  From Burma to Libya to South Sudan, we have advanced the rights and dignity of all human beings – men and women; Christians and Muslims and Jews.

But for all the progress we’ve made, challenges remain.  Terrorist plots must be disrupted.  Europe’s crisis must be contained.  Our commitment to Israel’s security must not waver, and neither must our pursuit of peace.  The Iranian government must face a world that stays united against its nuclear ambitions.  The historic change sweeping across the Arab World must be defined not by the iron fist of a dictator or the hate of extremists, but by the hopes and aspirations of ordinary people who are reaching for the same rights that we celebrate today.

So now we face a choice.  My opponent and his running mate are new to foreign policy, but from all that we’ve seen and heard, they want to take us back to an era of blustering and blundering that cost America so dearly.

After all, you don’t call Russia our number one enemy – and not al Qaeda – unless you’re still stuck in a Cold War time warp.  You might not be ready for diplomacy with Beijing if you can’t visit the Olympics without insulting our closest ally.  My opponent said it was “tragic” to end the war in Iraq, and he won’t tell us how he’ll end the war in Afghanistan.  I have, and I will.  And while my opponent would spend more money on military hardware that our Joint Chiefs don’t even want, I’ll use the money we’re no longer spending on war to pay down our debt and put more people back to work – rebuilding roads and bridges; schools and runways.  After two wars that have cost us thousands of lives and over a trillion dollars, it’s time to do some nation-building right here at home.

You can choose a future where we reduce our deficit without wrecking our middle class.  Independent analysis shows that my plan would cut our deficits by $4 trillion.  Last summer, I worked with Republicans in Congress to cut $1 trillion in spending – because those of us who believe government can be a force for good should work harder than anyone to reform it, so that it’s leaner, more efficient, and more responsive to the American people.

I want to reform the tax code so that it’s simple, fair, and asks the wealthiest households to pay higher taxes on incomes over $250,000 – the same rate we had when Bill Clinton was president; the same rate we had when our economy created nearly 23 million new jobs, the biggest surplus in history, and a lot of millionaires to boot.

Now, I’m still eager to reach an agreement based on the principles of my bipartisan debt commission.  No party has a monopoly on wisdom.  No democracy works without compromise.  But when Governor Romney and his allies in Congress tell us we can somehow lower our deficit by spending trillions more on new tax breaks for the wealthy – well, you do the math.  I refuse to go along with that.  And as long as I’m President, I never will.

I refuse to ask middle class families to give up their deductions for owning a home or raising their kids just to pay for another millionaire’s tax cut.  I refuse to ask students to pay more for college; or kick children out of Head Start programs, or eliminate health insurance for millions of Americans who are poor, elderly, or disabled – all so those with the most can pay less.

And I will never turn Medicare into a voucher.  No American should ever have to spend their golden years at the mercy of insurance companies.  They should retire with the care and dignity they have earned.  Yes, we will reform and strengthen Medicare for the long haul, but we’ll do it by reducing the cost of health care – not by asking seniors to pay thousands of dollars more.  And we will keep the promise of Social Security by taking the responsible steps to strengthen it – not by turning it over to Wall Street.

This is the choice we now face.  This is what the election comes down to.  Over and over, we have been told by our opponents that bigger tax cuts and fewer regulations are the only way; that since government can’t do everything, it should do almost nothing.  If you can’t afford health insurance, hope that you don’t get sick.  If a company releases toxic pollution into the air your children breathe, well, that’s just the price of progress.  If you can’t afford to start a business or go to college, take my opponent’s advice and “borrow money from your parents.”

You know what?  That’s not who we are.  That’s not what this country’s about.  As Americans, we believe we are endowed by our Creator with certain inalienable rights – rights that no man or government can take away.  We insist on personal responsibility and we celebrate individual initiative.  We’re not entitled to success.  We have to earn it.  We honor the strivers, the dreamers, the risk-takers who have always been the driving force behind our free enterprise system – the greatest engine of growth and prosperity the world has ever known.

But we also believe in something called citizenship – a word at the very heart of our founding, at the very essence of our democracy; the idea that this country only works when we accept certain obligations to one another, and to future generations.

We believe that when a CEO pays his autoworkers enough to buy the cars that they build, the whole company does better.

We believe that when a family can no longer be tricked into signing a mortgage they can’t afford, that family is protected, but so is the value of other people’s homes, and so is the entire economy.

We believe that a little girl who’s offered an escape from poverty by a great teacher or a grant for college could become the founder of the next Google, or the scientist who cures cancer, or the President of the United States – and it’s in our power to give her that chance.

We know that churches and charities can often make more of a difference than a poverty program alone.  We don’t want handouts for people who refuse to help themselves, and we don’t want bailouts for banks that break the rules.  We don’t think government can solve all our problems.  But we don’t think that government is the source of all our problems – any more than are welfare recipients, or corporations, or unions, or immigrants, or gays, or any other group we’re told to blame for our troubles.

Because we understand that this democracy is ours.

We, the People, recognize that we have responsibilities as well as rights; that our destinies are bound together; that a freedom which only asks what’s in it for me, a freedom without a commitment to others, a freedom without love or charity or duty or patriotism, is unworthy of our founding ideals, and those who died in their defense.

As citizens, we understand that America is not about what can be done for us.  It’s about what can be done by us, together, through the hard and frustrating but necessary work of self-government.

So you see, the election four years ago wasn’t about me.  It was about you.  My fellow citizens – you were the change.

You’re the reason there’s a little girl with a heart disorder in Phoenix who’ll get the surgery she needs because an insurance company can’t limit her coverage.  You did that.

You’re the reason a young man in Colorado who never thought he’d be able to afford his dream of earning a medical degree is about to get that chance.  You made that possible.

You’re the reason a young immigrant who grew up here and went to school here and pledged allegiance to our flag will no longer be deported from the only country she’s ever called home; why selfless soldiers won’t be kicked out of the military because of who they are or who they love; why thousands of families have finally been able to say to the loved ones who served us so bravely: “Welcome home.”

If you turn away now – if you buy into the cynicism that the change we fought for isn’t possible…well, change will not happen.  If you give up on the idea that your voice can make a difference, then other voices will fill the void: lobbyists and special interests; the people with the $10 million checks who are trying to buy this election and those who are making it harder for you to vote; Washington politicians who want to decide who you can marry, or control health care choices that women should make for themselves.

Only you can make sure that doesn’t happen.  Only you have the power to move us forward.

I recognize that times have changed since I first spoke to this convention.  The times have changed – and so have I.

I’m no longer just a candidate.  I’m the President.  I know what it means to send young Americans into battle, for I have held in my arms the mothers and fathers of those who didn’t return.  I’ve shared the pain of families who’ve lost their homes, and the frustration of workers who’ve lost their jobs.  If the critics are right that I’ve made all my decisions based on polls, then I must not be very good at reading them.  And while I’m proud of what we’ve achieved together, I’m far more mindful of my own failings, knowing exactly what Lincoln meant when he said, “I have been driven to my knees many times by the overwhelming conviction that I had no place else to go.”

But as I stand here tonight, I have never been more hopeful about America.  Not because I think I have all the answers.  Not because I’m naïve about the magnitude of our challenges.

I’m hopeful because of you.

The young woman I met at a science fair who won national recognition for her biology research while living with her family at a homeless shelter – she gives me hope.

The auto worker who won the lottery after his plant almost closed, but kept coming to work every day, and bought flags for his whole town and one of the cars that he built to surprise his wife – he gives me hope.

The family business in Warroad, Minnesota that didn’t lay off a single one of their four thousand employees during this recession, even when their competitors shut down dozens of plants, even when it meant the owners gave up some perks and pay – because they understood their biggest asset was the community and the workers who helped build that business – they give me hope.

And I think about the young sailor I met at Walter Reed hospital, still recovering from a grenade attack that would cause him to have his leg amputated above the knee.  Six months ago, I would watch him walk into a White House dinner honoring those who served in Iraq, tall and twenty pounds heavier, dashing in his uniform, with a big grin on his face; sturdy on his new leg.  And I remember how a few months after that I would watch him on a bicycle, racing with his fellow wounded warriors on a sparkling spring day, inspiring other heroes who had just begun the hard path he had traveled.

He gives me hope.

I don’t know what party these men and women belong to.  I don’t know if they’ll vote for me.  But I know that their spirit defines us.  They remind me, in the words of Scripture, that ours is a “future filled with hope.”

And if you share that faith with me – if you share that hope with me – I ask you tonight for your vote.

If you reject the notion that this nation’s promise is reserved for the few, your voice must be heard in this election.

If you reject the notion that our government is forever beholden to the highest bidder, you need to stand up in this election.

If you believe that new plants and factories can dot our landscape; that new energy can power our future; that new schools can provide ladders of opportunity to this nation of dreamers; if you believe in a country where everyone gets a fair shot, and everyone does their fair share, and everyone plays by the same rules, then I need you to vote this November.

America, I never said this journey would be easy, and I won’t promise that now.  Yes, our path is harder – but it leads to a better place.  Yes our road is longer – but we travel it together.  We don’t turn back.  We leave no one behind.  We pull each other up.  We draw strength from our victories, and we learn from our mistakes, but we keep our eyes fixed on that distant horizon, knowing that Providence is with us, and that we are surely blessed to be citizens of the greatest nation on Earth.

Thank you, God bless you, and may God bless these United States.”

 

Los contenidos de este artículo son recopilación de Jake Horowitz y Daniel Centina para Politics.

El momento VIP del V.P.

Foto: Gage Skidmore / Matthew Hinton

Tras semanas de conocerse quiénes serán los dos grandes contendientes por la Casa Blanca (aunque todavía no formalmente, a la espera de las Convenciones de los partidos Demócrata y Republicano), parte de la atención del mundo político y periodístico en Estados Unidos se centra en quién será el acompañante de Mitt Romney en el tarjetón electoral.

Si bien es cierto que el Vicepresidente de Estados Unidos es el segundo cargo más alto del gobierno, y el primero en la línea de sucesión del mandatario electo si éste sufriera algún percance, buena parte de la importancia de este funcionario se da en las semanas previas a las elecciones.

Los candidatos a la Presidencia, sus comandos y principales asesores analizan aspectos de distintos dirigentes de su partido para intentar hacer la elección correcta. Buena parte de la decisión se toma pensando en los votantes.

Por ejemplo, en 2008 el llamativo, mediático y poco habitual candidato que representaba Barack Obama (entre otras cosas por su color de piel), eligió como compañero de fórmula a un experimentado político blanco, católico y de mayor edad, Joe Biden, para balancear la apuesta de los Demócratas.

Enfrente, el partido Republicano apostó por una mujer joven, atractiva, con poca experiencia en cargos políticos y muy ligada a temas familiares y tradicionales, Sarah Palin, como contraste de un septuagenario veterano de guerra quien lideró la candidatura (John McCain).

Esta vez, sin cambios en la tarjeta Demócrata, la atención está puesta en el compañero de fórmula de Mitt Romney, y la lista de nombres que han aparecido desde que se consolidó como el candidato del Elefante, ha sido larga y diversa.

Los más llamativos y conocidos dentro y fuera de Estados Unidos han sido dos que, según expertos, no serán los que se lleven el cargo. Marco Rubio, Senador del estado de Florida y Condolezza Rice, Secretaria de Estado en el gobierno de George W. Bush, han levantado amplios debates y discusiones aunque aparentemente están en la cola de la lista.

Si bien es cierto que a primera vista los públicos que pueden captar son importantes y al día de hoy estén en favor de Obama, diversos analistas consideran que ambos precandidatos están muy lejos de la órbita de Romney, y que además tienen planes personales que no pasan por ser el segundo al mando.

Rubio ha sido el dirigente Republicano que con más ahínco ha negado el interés en ser Vicepresidente, aunque ha sido el único que Romney ha mencionado como posible compañero de fórmula. Se dice que negar interés en la Vicepresidencia es un paso obligado para obtenerlo, aunque Rubio ha sido reiterativo en ello. Parece lógico que el Senador de 41 años, de padres cubanos, no quiera arriesgar perder esta elección, y tenga la vista puesta en liderar a su partido en 2016, 2020 o incluso 2024.

Lo de Rice aparentemente fue un experimento. Una presunta filtración para analizar cómo era recibido su nombre en la opinión pública, ya que la ex jefa de la diplomacia estadounidense tiene tiempo alejada de las cámaras y según dicen no está interesada en lo más mínimo en buscar un cargo de elección popular. Cierto respaldo entre la comunidad afroamericana, que apoya a Obama en un 96%, no estaría demás para Romney, aunque de momento Condolezza parece que no será su ancla frente tal grupo.

Los nombres que más suenan son poco conocidos, no sólo a nivel internacional, sino también en Estados Unidos: el Senador Rob Portman, del crucial estado de Ohio; el ex gobernador de Minnesota Tim Pawlenty, muy cercano a Romney; el Diputado Paul Ryan de Wisconsin, y el gobernador de Luisiana Bobby Jindal, de padres indios, único en la lista que forma parte de algún grupo minoritario.

Se prevé que el anuncio del candidato a la Vicepresidencia por el partido Republicano se dé pronto, para que, entre otras cosas, tenga más tiempo de darse a conocer en todo el país, así como para cambiar los temas que en estos días envuelven a los medios norteamericanos, todos relacionados al pasado como empresario de Mitt Romney.

El elegido para luchar la Vicepresidencia jugará uno de sus papeles más importantes dentro de la política estadounidense: intentar sumar respaldos en campaña al candidato a la Presidencia y lucir como una persona de confianza, en caso de que ocurra alguna eventualidad.

Super PAC ataca el factor cool de Obama

El Super American Crossroads lanzará en televisión un spot que ataca la popularidad y estatus de celebridad del Presidente Obama.

El ataque retoma un spot de hace 4 años hecho por la campaña de John McCain en el cual comparaba la fama de Obama con la de Britney Spears o Paris Hilton.

En el nuevo spot,  muestra imágenes de Obama participando en el progama deJimmy Fallon, cantando en un evento de fundraising en el que interpretó un fragmento de una canción de Al Green y  una conversación previa (off-the record) a una entrevista en la que llamó a Kanye West un “jackass” por su comportamiento durante los Grammys del 2009.

El siguiente es el spot de hace 4 años de la campaña de McCain.

 

Super PAC ataca el factor cool de Obama

El Super American Crossroads lanzará en televisión un spot que ataca la popularidad y estatus de celebridad del Presidente Obama.

El ataque retoma un spot de hace 4 años hecho por la campaña de John McCain en el cual comparaba la fama de Obama con la de Britney Spears o Paris Hilton.

En el nuevo spot,  muestra imágenes de Obama participando en el progama de Jimmy Fallon, cantando en un evento de fundraising en el que interpretó un fragmento de una canción de Al Green y  una conversación previa (off-the record) a una entrevista en la que llamó a Kanye West un “jackass” por su comportamiento durante los Grammys del 2009.

El siguiente es el spot de hace 4 años de la campaña de McCain.


Obama “enamora” al voto joven

La misma noche en la que Mitt Romney consolidó la candidatura del Partido Republicano a la presidencia de los Estados Unidos con la victoria en 5 estados (CT, NY, RI ,DE y PA) el Presidente Barack Obama realizó un interesante acercamiento al electorado joven al participar en el Late Show de Jimmy Fallon.

El show de Fallon se transmite todos los días a partir de las 12:30 AM en la cadena NBC, al terminar el show The Tonight Show con Jay Leno. El programa de Fallon reemplazó en 2009 el espacio que por varios años tuvo Conan O’Brien. Fallon es un reconocido cómico que tuvo su inicio en el mítico programa Saturday Night Live.

El Presidente Obama fue invitado por Fallon a participar en un segmento conocido como Slow Jammin the News, en el cual el comediante, a ritmo de blues y con un tono de voz que trata de emular a Barry White, comenta y satiriza las noticias relevantes del día.

El tema tocado por el Presidente Obama fue el de la discusión que se lleva a cabo en el Congreso de los Estados Unidos sobre mantener subsidios a las tasas de interés de prestamos federales educativos. Cabe mencionar que dado el alto costo de la educación superior en los Estados Unidos, este tipo de prestamos son bastante comunes entre jóvenes universitarios, quienes al finalizar sus estudios se gradúan con decenas de miles de dólares en deudas. Algunos congresistas del GOP, principalmente identificados con el Tea Party, consideran que no deben darse dichos subsidios, mientras están en contra de subir impuestos a los más ricos del país.

 

Un problema “de perros” para Romney

El Washington Post publicó, este 15 de marzo, un artículo en primera plana sobre un tema que ha “perseguido” a Mitt Romney por meses. Esta vez la polémica no gira en torno a su pasado como gobernador de Massachusetts, empresario o su constante cambio en posiciones en torno a temas políticos, se trata de una decisión que tomó hace 30 años al colocar al entonces perro de la familia, Seamus, en el techo del vehículo durante 12 horas en un viaje familiar.

Para muchos críticos (y defensores de derechos de animales) la decisión de Romney fue cruel y puso en peligro, de manera irresponsable , la vida de la  mascota familiar. Romney ha defendido, en múltiples ocasiones, su decisión argumentando que al setter inglés (raza de Seamus) le gustaba escalar a toldo del vehículo y seguramente le resultaba más cómodo viajar allí que adentro junto con 5 niños.

El incidente, señalan muchos, demuestra la falta de sentido común y respeto por la dignidad de otros seres vivos del contendiente republicano a ocupar el Despacho Oval. También hacen comparaciones con la manera en que el Presidente Obama trata a Bo, la mascota de la familia presidencial. Incluso el tema ha sido politizado de tal manera que el propio David Axelrod (estratega político del Presidente Obama) publicó en Twitter una fotografía del Presidente Obama viajando en la limusina oficial con Bo y el texto: “La manera en que dueños amorosos transportan a sus mascotas”.

Del mismo modo, un grupo nacido en 2007, Dogs Against Romney, ha lanzado un Super PAC “para educar al público sobre como Romney trata a sus mascotas” que es acompañada por una campaña titulada  “I Ride Inside” (Yo viajo en el interior).

El tema, a pesar de parecer superfluo, seguramente se mantendrá en la agenda pública hasta noviembre, motivado por grupos e individuos que luchan por los derechos de los animales en los Estados Unidos.