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¿Cómo ha cambiado internet la forma de comunicar nuestro relato?

StoriesCuenta Antonio Núñez en su libro “Será mejor que lo cuentes” que un relato no es una anécdota, un chiste recreativo o una mera leyenda. “Un relato es una herramienta de comunicación estructurada en una secuencia de acontecimientos que apelan a nuestros sentidos y emociones. Al exponer un conflicto, revela una verdad que aporta sentido a nuestras vidas”.

Se trata de comunicar tu visión. ¿En internet 2.0? ¿Ha cambiado nuestra forma de construir y comunicar nuestro relato político?

Es una obviedad que la aparición de Internet 2.0 y el crecimiento exponencial de nuevos emisores, medios y mensajes ha creado un ciudadano saturado ante la nueva avalancha de información. Según el barómetro internacional Edelman de Confianza, los ciudadanos desconfían cada vez más de las instituciones y medios de comunicación tradicionales para en cambio, depositar su confianza en las personas cercanas a sus redes sociales.

Ahí es donde surge la oportunidad para reconsiderar la eficacia de la comunicación política y relato 2.0. Barack Obama acaba de crear una microsite donde inmigrantes residentes en Estados Unidos narran su relato vital y personal.

Este tipo de información y comunicación que no se encuentra presente en los medios masivos, nos ofrece tres nuevas ventajas que multiplican su eficacia en este nuevo escenario comunicativo. La primera, gracias al mencionado desplazamiento de la confianza en los medios de  comunicación tradicionales, nuestra red de colaboradores en internet, clientes y stakeholders cuenta con más credibilidad que ningún otro emisor, medio o soporte para hablar de nosotros o difundir nuestro mensaje. En segundo lugar, nuestra red de colaboradores tiene mucha mayor capacidad de impacto numérico que nunca, gracias a la capacidad de difusión y la libertad que aportan las nuevas tecnologías de comunicación de Internet 2.0. Por último, gracias a la profesionalización del storytelling podemos lograr que los relatos personales sean coherentes y refuercen nuestro relato institucional y político.

Y no sólo de Barack Obama y política vive el hombre. El FC Barcelona ha narrado entorno a la figura de Tito Vilanova y su lucha contra el cáncer, un relato de superación y fuerza colectiva que traspasa la frontera del deporte. Éste video realizado por el club, es el mejor ejemplo de relato grupal. “Tu lucha es nuestra fuerza”.

Es la fuerza del relato, un revulsivo para la cultura grupal porque una comunidad con relatos compartidos aumenta sus probabilidades de vivir y trabajar con un objetivo común.  Son los llamados relatos personales, y gracias al storytelling tenemos la oportunidad de sistematizarlos.

Estos son los cuatro relatos que todos debemos poder narrar:

1. ¿Quién soy yo?

2. ¿Para qué estoy aquí?

3. Un relato visionario

4. Los valores en acción

Los nervios de los políticos

Te habrás dado cuenta de que es muy difícil ver a un político notablemente nervioso hablando en público. Siempre aparentan esa seguridad de saber lo que están haciendo, a pesar de que no tengan ni idea. A alguno le han pillado fuera de micrófono después de hablar en público, confesando que sabía ni lo que había dicho. Por ejemplo, la directora general de la Agencia Tributaria:

o Aznar hace tiempo:

En ocasiones se les nota algo más tensos, por ejemplo a José Blanco en este montaje:

pero en cualquier caso menos que a la media de los ponentes.

¿Cómo lo hacen? Hay dos factores que intervienen para que los políticos hablen en público con la misma tranquilidad con la que tú te comes un bocadillo de tortilla.

El primero es que se lo creen. Están convencidos de su poder, porque el entorno les hace sentirse superiores a los demás. Imagínate en tu despacho del ministerio, con una mesa enorme de caoba, alfombra de cuatro dedos de espesor, retratos de tus predecesores en el cargo, a los que nada tienes que envidiar porque tu retrato colgará junto a los suyos dentro de no mucho, secretaria que se lo sabe todo, una mesa de reunión allí mismo que parece la de la comida de las bodas de oro de tus abuelos, teléfono y tableta de última generación, coche oficial siempre a la puerta, escolta con microauricular, todos los gastos pagados incluyendo ágapes en restaurantes que te dejarían seco en tres días si no fueras ministro, y un montón de empleados dispuestos a darlo todo.

Tienes autoridad para cambiar los nombres de las calles, para decidir a quiénes y cuánto se multa previo sencillo trámite parlamentario, para decidir por dónde pasan los trenes y dónde se construyen hospitales, o para subir, bajar, e inventarte nuevos impuestos.

Y tienes a decenas de periodistas que te siguen, atentos a cualquier cosa que digas en público. Si tú dices en el bar por ejemplo “la situación económica está a punto de cambiar porque ya hemos tocado fondo”, tus amigos te harán poco caso y aprovecharán para dar su visión del asunto. Si lo dices siendo ministro, tu frase será titular de varios periódicos al día siguiente.

Para creerte tu autoridad hablando en público, aunque no tengas un maletín negro único en el mundo, piensa que tú eres la autoridad en cualquier cosa sobre la que vayas a hablar. De otro modo, no estarías ahí haciendo esa presentación. Alguien te ha invitado a hablar porque confía en ti, y eso es todo lo que necesitas saber para sentirte tan importante en ese escenario como un ministro en el Congreso.

El segundo factor que hace que los políticos aparenten esa seguridad es que practican todos, pero todos los días. Hacen declaraciones en la calle, en la radio, en la televisión, en el parlamento, y por teléfono. Las primeras veces que lo hicieron posiblemente también se sintieron muy nerviosos, como la primera vez que se tiraron con una bici cuesta abajo, o desde un avión en paracaídas. Pero después se convierte en una rutina que el cerebro domina y por tanto percibe como poco peligrosa. Si haces pocas presentaciones lo vas a pasar mal cada vez que presentes. Si practicas todos los días, vas a controlar la tensión mucho mejor. Subestimamos el poder de la práctica hablando en público porque rechazamos someternos al martirio que suponen las primeras veces, sin darnos cuenta de que el sufrimiento desaparece precisamente con la repetición del martirio.

Así que la próxima vez que veas a un político hablando en público y te impresione su entereza, piensa que es el resultado de algo que tienes a tu alcance. Y con la ventaja añadida de no tener que ser político para conseguirlo.

El lenguaje emocional del discurso #oratoria

¿Es muy diferente la realidad de la ficción? Una vez escuché un comentario de una afamada periodista mexicana donde decía que para poder gobernar no es necesario haber leído libros. Mi hipótesis es otra, y no me refiero a solamente libros de historia, geografía y tratados de ciencia política, sino a novelas, a la literatura en general, que si bien son ficción, trasmiten de forma atinada los sentimientos reales de una cultura, sus tradiciones y su modo de vida.

No es casualidad que digan que los libros abren mundos, perspectivas y por tanto inducen a nuevas percepciones. Te hacen sensibles a la humanidad, y escéptico a la realidad. No habría que divorciar a la literatura de lo que vivimos y vemos todos los días. Mucho de lo que leemos en novelas son historias que se basan en sentimientos reales. La literatura quizá no refleje la realidad en sí, pero se alimenta de diferentes conceptos, como lo son: económicos, filosóficos y sociales. Estos factores afectan nuestra realidad e interpretando la realidad de una historia, podemos conocer de forma más certera la nuestra.

Las historias narradas en los cuentos no son muy diferentes a las historias que a diario vivimos, principalmente en el plano de las emociones. Uno siente los diálogos, e incluso uno cierra los ojos cuando alguna frase le evoca algún recuerdo: nos entra por la cabeza pero se filtra en el corazón.

Hemos escuchado que un libro concluye no cuando el autor escribe la última palabra, sino cuando el lector lo termina y más aún cuando le da continuidad en su propia vida, es decir, cuando lo analiza, recuerda y lo incita a querer volver a vivir la historia. ¿Cuando hablamos es diferente? ¿Un discurso concluye cuando el orador finaliza?

Los sentimientos son universales y los compartimos en todas partes, en todo momento. Incluso nos expresamos y actuamos conforme al sentir de otras personas sin siquiera percatarnos de ello. En la actualidad la relación con el otro se ha vuelto fundamental y somos más receptivos a aquellas palabras que tocan las fibras más sensibles y a las letras con las que nos identificamos. Vivimos la magia de la empatía.

Dicen que los libros eligen a sus dueños, llegan en el momento apropiado y no son casualidad. Tampoco es casualidad que ciertos libros tengan más popularidad dentro de una cultura que en otra. Son esos libros que aparecieron cuando las circunstancias los requirió ¿los discursos de nuestros gobernantes deberían ser muy diferentes a eso?, es decir, ¿ser aislados a lo que el ciudadano desea escuchar? Parecería que los políticos le hablan a un público acerca de lo que ellos mismos consideran importante, sin tomar en cuenta momentos, circunstancias y la historia de cada una de las personas que escucha.

Hay libros que tenemos y que deseamos leer una y otra vez porque “nos llegan” y se hacen reales. Queremos volver a “oírlos”. Sin embargo, querer leer un libro muchas veces no es muy diferente a querer escuchar a una misma persona muchas veces, ¿qué es lo que nos causa querer volver a escuchar a una persona muchas veces? Que le creemos, que es real; que como un libro, podría ser ficción pero parece real, el juego de las percepciones.

Si los libros no son de quien los escribe, sino de quien los lee, ¿un discurso es de quien lo dice y no de quien lo escucha? El autor de un libro cuando escribe, se siente pleno mientras más personas lo lean, porque es cuando el libro existe, se le da vida. Aunado a esto, el autor es consciente de que cada lector es distinto por tanto cada uno va a codificar las palabras de diferente manera. “El lector es el primer destinatario de la obra literaria… la vida histórica de la obra literaria es inconcebible sin el papel activo que desempeña su destinatario” (Jauss, La historia literaria como desafío a la ciencia literaria).

Con un discurso pasa exactamente lo mismo, el oyente es fundamental pero en esta ocasión debe conocerse para quién se habla, ser consciente de que cada ciudadano, tiene una historia, un pasado, una cultura y que cada Nación se ha forjado en circunstancias únicas y absolutas. Cada individuo se compone como un colectivo de numerosos “yoes” que ha asimilado a lo largo de su vida, algunos de los cuales emanan del pasado; estos “yoes” se encuentran en los lenguajes, las “voces” habladas por otros y que buscamos en diferentes personas, sobre todo en aquellos que pretenden representarnos.

Aunado a lo anterior debe entenderse la ideología de un pueblo como el centro de todo discurso, ya que nunca estaremos por fuera de la ideología porque escuchamos y hablamos con nuestra ideología, nuestra colección de lenguajes, de palabras cargadas con valores. Un discurso debe ser capaz de cruzar la ideología y el sistema lingüístico.

Actualmente donde todo y todos estamos conectados y la ideología ha sido remplazada por la lucha por la identidad, los sentimientos de inseguridad, vulnerabilidad y miedo son sentimientos que tenemos en común y hacen que nuestros caminos se encuentren.

Por lo tanto un discurso no debe perder de vista la actualidad, reforzar la identidad, pero sin olvidarse de los aspectos positivos que trae consigo una Nación desarrollada. Una combinación de ambos es lo que debe hacer más eco para crear un sentimiento de esperanza.

El buen discurso puede generar expectativas positivas del que escucha. Sí se es capaz de superar el horizonte de las expectativas del oyente: géneros, formas, lenguaje, temas, etc. junto con el horizonte de las experiencias, que son siempre suplidas por cada receptor y las cuales pueden entenderse con la ayuda de la historia y el contexto en el que se vive, se tendrá como resultado una recepción activa y efectiva, y por ende el interés de seguir escuchando al que habla.

El oyente es un factor esencial en todo discurso. Haciendo alusión a la célebre definición de la Tragedia en la Poética de Aristóteles: la disposición del espectador está expresamente incluida en la definición de la esencia de la tragedia.

Concuerdo en que sí es posible intentar esbozar un mapa global de las emociones, ya que como indica Dominique Moisi en su libro: “La geopolítica de las emociones”: Las emociones dominantes, como los colores dominantes en las pinturas sí existen. Los matices de tonos grises se encuentran por todos lados, son más claros en algunas regiones exitosas y casi negros en otras.

Considero prioritario que los gobiernos ponderen las emociones de sus respectivas regiones. Sentir el “clima” y el ánimo ciudadano. Reforzarlas, sí son positivas y aprovecharlas o modificarlas sí son negativas. Empero esto no puede realizarse sí no se hace un diagnostico serio y con base a esto se crean discursos provechosos, considerando información real y no discursos simulados; cuyo desenlace sea un cambio real. Siempre teniendo presente que el objetivo principal es persuadir. Diagnosticar el ánimo de la población es un ejercicio fundamental y, como en los libros, debe entenderse que siempre existe un receptor único, pero al mismo tiempo con sentimientos compartidos.

Así como las emociones son cíclicas, los discursos deberán serlo. Podemos comparar discursos de antaño con los actuales y percibirse que no han cambiado mucho en fondo y forma. Entiendo que sí los discursos no han cambiado, puede traducirse que es porque las emociones siguen siendo las mismas, y sí estas son negativas, debe ser un foco rojo para gobiernos y partidos que debiera incitarlos a examinar su desarrollo económico y social.

El lenguaje emocional del discurso político debe conseguir que los ciudadanos son solo entiendan las palabras, sino que las sientan para conectar la idea en el subconsciente a través de imágenes.

Las emociones son esenciales para formular cualquier discurso que contenga sustancia y cause impacto en la sociedad. Las emociones de una Nación reflejan el grado de confianza que existe en los ciudadanos la cual determina la habilidad de esta para recuperarse de una crisis, responder a nuevos retos, ajustarse a las circunstancias.

Sí un gobierno no comprende el ánimo de una Nación, no puede aspirar a que lo que implemente funcione y llegue de manera verdadera al ciudadano. La buena noticia es que las emociones cambian y con un buen discurso el miedo puede dar pie a la esperanza.

Barack Obama: Inspirar después de cuatro años de gobierno ¿se puede?

¿Puede volver a inspirar confianza y optimismo Barack Obama cuatro años después? O también podríamos preguntarnos ¿Puede volver a hacerlo cuatro años más?. Son preguntas que desde noviembre, desde su reelección, llevaban en mi cabeza. Tras escuchar su speech de investidura
en Washington, D.C. ante miles de personas, he vuelto a (re)confirmarlo.

Foto: Reuters

Hace días que venía escuchando a colegas de profesión preguntarse cómo sería, qué resultados se percibirían después de su pronunciación ya que la historia he demostrado que sólo Lincoln fue una excepción en cuento a buen discurso de presidente reelecto de los Estados Unidos de América.
¿Sería Barack Obama una excepción de nuevo?. Destaco si tono, mucho más progresista para su segundo mandato con un discurso en el que anticipó un futuro distinto y mejor.

En cuento a la liturgia de la ceremonia, escenografía y puesta en escena, en Europa nos sigue sorprendiendo (a mi menos desde que trabajé allí, aunque reconozco que en España me muero de envidia ¿por qué será?) que se celebre por todo lo alto, la fiesta de la Democracia estadounidense.
Y que sea unidos, creando lazos de unión y demostrando la fuerza de una nación. Pero eso no es sorprendente, lo que es una sorpresa es que los europeos sólo hagamos este tipo de fiestas de demostración cuando ganamos un mundial de fútbol.

Discurso, frases remarcadas

Muchos de los párrafos de su discurso han comenzado con la frase We, the people (Nosotros, el pueblo), que el presidente ha pronunciado con convicción y pausa. No es una casualidad que así sea (We, the people son las tres primeras palabras de la Constitución de Estados Unidos).

IGUALDAD “Los que nos hace América es la creencia de que todos los hombres somos iguales”
SOLIDARIDAD “Una gran nación tiene que proteger a los vulnerables”
PATRIOTISMO “Tenemos una capacidad sin fin para asumir riesgos y un don para reinventarnos. Queridos compatriotas, estamos hechos para este momento”
PROSPERIDAD “A Estados Unidos le va bien cuando todo el mundo puede encontrar un trabajo, cuando los salarios permiten a las familias salir de las penurias”
FUTURO “Rechazamos creer que Estados Unidos tiene que elegir entre cuidar de la generación que construyó este país o invertir en la generación que construirá nuestro futuro”
MEDIO AMBIENTE “Responderemos a la amenaza del cambio climático, porque sabemos que no hacerlo traicionaría el futuro de nuestros hijos y de las generaciones venideras”
DEMOCRACIA “Nuestra fortaleza se ha de basar en la prosperidad de la clase media”
DERECHOS CIVILES “Nuestro viaje no acabará hasta que nuestros hermanos y hermanas homosexuales sean tratados como iguales”
CONTROL DE ARMAS “Nuestro viaje no acabará hasta que todos nuestros hijos sepan que cuidaremos de ellos y que les mantendremos lejos del daño”
POLÍTICA INTERNACIONAL “Una década de guerra está acabando”

Foto: Reuters

Puesta en escena

De la escenografía, al margen del número de banderas por metro cuadrado y el apoyo presencial de todos los ex presidentes vivos, excepto los Bush, destaco el fuerte papel de los hispanos en el guión de la ceremonia. Se podría decir que ha sido la toma de posesión más hispana hasta la fecha.

El poeta de origen cubano Richard Blanco recitó sus versos unos minutos después del discurso de Obama y el pastor Luis León pronunció la oración antes del himno nacional. Además, los mariachis de La Joya y el ballet folklórico de Colorado desfilaron junto al presidente y en la víspera, la noche antes, cientos de famosos hispanos celebraron con una gala su toma de posesión.

La familia, símbolo y simbología

La primera dama de Estados Unidos, Michelle Obama, y sus hijas, Malia y Sasha, se han convertido de nuevo en uno de los objetivos más comentados de la ceremonia de investidura. Malía, en tono púrpura, y Sasha, de lila, no se separaron de su madre y de su abuela materna.
La primera dama lucia camino a la iglesia (la primera parada del día de festejos) llevando un abrigo en tonos azul grisáceo y cortado al estilo de una corbata de seda masculina del diseñador estadounidense Thom Browne bajo el cual, según se ha encargado de puntualizar la Casa Blanca, ya que debido al frío no se pudo ver, luce un vestido del mismo modisto estadounidense.

Michelle Obama combinó este diseño de alta costura, que también portó en el Capitolio para la investidura, con un cinturón y zapatos de la marca J. Crew, también estadounidense pero de precios más asequibles, conforme a su práctica de mezclar complementos y modelos de diversas gamas.

4 años y 4 retos

Cuatro años en los que será determinante cómo querrá pasar a la posteridad y dejar su impronta en la historia. Los cuatro retos son inmigración, déficit fiscal (aunque los números recientes de creación de empleo son satisfactorios, buena parte de la recuperación podría quedar empantanada por culpa del Congreso), armas (en su primer mandato, Obama prefirió no prestarle demasiada atención política al debate sobre la tenencia de armas de fuego. En este tema, como en muchos otros, los republicanos están divididos: la Casa Blanca podrá aprovechar estas aguas revueltas) y
política exterior.

Política: Cuestión de razón y emoción

“Mientras el cerebro sea un misterio, el universo continuará siendo un misterio.” Santiago ramón y Cajal

 

En fechas recientes las neurociencias han integrado la neuropolítica como una rama que intenta explicar los procesos mentales que llevan a un elector a votar por tal o cual candidato. Esta relativa nueva disciplina considera aspectos tanto biológicos como sociales del individuo y su entorno, resultando interesante y útil para la propagada, estrategias de mercadotecnia, comunicación política, estrategias gubernamentales, consensos y toma de decisiones.

La neuropolítica mide las reacciones neurológicas que genera un candidato en los ciudadanos en cuanto a su discurso, marketing y plataforma electoral.

En este sentido la neuropolítica cobra fuerza, debido a que estudios realizados demuestran la importancia cognitiva del elector, esto es la empatía con el candidato, la expresividad facial y los gestos corporales de este, así como la manera de articular las imágenes, los valores y los sentimientos que finalmente canalizan su voto. La neuropolítica puede hacernos comprender el proceso cognitivo de los votantes en unas elecciones, ya que las decisión del voto es resultado del pensamiento producto de la percepción que se tiene del candidato.

El “cerebro político”, objeto de estudio de la neuropolítica, es lo suficiente subjetivo a la hora de sufragar, lo hace más por afinidades, simpatías y
empatías, incluso trata de acomodar la información a los sentimientos, es ahí donde radica la importancia de la imagen física del candidato. Este tipo de cerebro curiosamente le da más valor a lo que no nos gusta que a lo que nos gusta de un candidato, es decir, se vota por el candidato que menos nos desagrada.

El tema ha despertado el interés científico y por lo tanto están integrando las ciencias cognitivas como la psicología y la filosofía a las ciencias sociales como la política y la sociología de manera que la primera explique la segunda, con la intención de predecir la intención del votante en un proceso electoral. Es decir, determinar las preferencias de voto de los electores en función de los patrones de actividad neuronal.

La neuropolítica es un tema que debería interesar a los que se dedican a la política profesional y todas aquellas personas que estudian la comunicación política como son los estrategas, consultores y coordinadores de campaña.

Existe la creencia que otorgarle un voto o no a cierto candidato en una elección es el resultado de un análisis detallado, un proceso razonado en el que se comparan y contrastan diversos factores como son los compromisos de campaña, imagen del candidato, carrera política de este, entre otros aspectos. Sin embargo, esto no sucede del todo así.

Es verdad que se pondera el voto razonado y que las personas que externan su preferencia por algún candidato vinculándola con la parte afectiva, aquella que se rige por las emociones, son juzgadas como irracionales, ignorantes y fácilmente manipulables.

Pero ¿de verdad tenemos control sobre nuestro cerebro o no será más bien que nuestro cerebro nos ayuda auto engañarnos para no sentirnos
manipulados por la propaganda electoral? La neurociencia confirma la ventaja de la razón, justificando que el pensamiento analítico que se deriva
precisamente de la razón, es un rasgo distintivo para el desarrollo y la evolución.

Sí las campañas electorales consideraran los procesos mentales de quienes emitirán su voto, se dejaría de ver al elector como un producto y en su lugar comenzarían a verlo como el motivo de la campaña.

Muchas campañas aún siguen utilizando las mismas estrategias mercadológicas de antaño en las que se cree que con un objeto material se
puede convencer de votar por cierto candidato, siendo que esto solamente provoca una satisfacción inmediata, pero no logra crear una vinculación emocional entre el elector y el candidato y mucho menos garantiza el voto a su favor.

Se ha comprobado que en campañas electorales los ciudadanos más informados, aquellos que leen noticias, escuchan la radio y siguen los
acontecimientos del día, no manifiestan un comportamiento muy distinto a los que desconocen esto a la hora de apoyar a un candidato o a un partido. En este sentido comprendemos que el elector tiene la capacidad de transformar la información que obtiene y manipularla hasta que se adecua a lo que siempre ha creído, desechando e ignorando la información que no se asemeja a sus propias creencias. Esto podría explica por qué hechos concretos, como descubrir que los políticos mienten o son ignorantes y corruptos, no modifica la intención de voto. El cerebro escucha solamente lo que desea y lo que resulta racional, es decir, lo que podría hacerlo cambiar de opinión lo bloquea.

Cuando un elector se encuentra en la urna, vienen a su mente imágenes, sucesos vividos, se manifiestan sus temores y también lo que le satisface. La decisión racional que implica elegir al candidato, es realmente el sentimiento de aprecio o antipatía el que se hace presente. Cada quien tiene su historia y cada persona actúa con base a sus vivencias; es una elección basada en creencias, que bien pueden ser ciertas o no.

Hoy en día continuamos sorprendiéndonos de que existan mayorías abrumadoras de electores que continúen apoyando a ciertos partidos o a
ciertos candidatos que podrían parecer perjudiciales para los propios intereses de aquellos que los eligen.

En este contexto, conocer cómo funciona el cerebro humano debería ser fundamental a la hora de armar estrategias políticas, nuestros representantes políticos deberían mostrarse interesados por conocer a los ciudadanos que pretenden gobernar. Asimismo aprovechar las nuevas tecnologías y la neuroinformación, para crear novedosas estrategias y técnicas visuales, además de mejorar la calidad de la comunicación.

Una campaña hueca es una campaña que no logra comunicar lo que pretende, donde el mensaje no llega al votante, no hay conexión ni empatía, donde no se mueven las emociones ni se obtienen la intención del voto a favor.

Votar por un candidato debe ser un acto reflexionado, sin embargo, la aportación de lo que hoy en día conocemos, es que no se puede concebir
el voto de un elector, sin considerar una relación íntima entre la razón y la emoción.

Por qué el discurso del rey en Nochebuena es de los más aburridos del año

Foto: Casa Real

Si ordenamos las presentaciones que hemos visto durante el año de más aburrida a más entretenida, probablemente el discurso del Rey en la tele cuando estamos todos poniéndonos hasta arriba de marisco, pavo o/y cordero, tenga el dudoso honor de estar entre los tres primeros.

Hay que concederle una cosa, y es que transmite confianza. Siempre podemos estar seguros de que nos va a hablar de cosas con las que todos estamos de acuerdo. La familia, el gran país que somos, el dinamismo que tenemos, lo que nos une, acabar con los malos, y superar los baches comunes.

Pero no logra superar las posiciones de cola en nuestro orden de presentadores que nos cautivan. Aquí van tres consejos dirigidos a la Casa Real para mejorar en el ranking.

EL MOMENTO

Imagina que vas a presentar en un congreso de expertos en tu profesión. Es el jueves y el viernes, y a ti te toca hablar el viernes a las cuatro de la tarde, justo antes de que todo el mundo se despida y se vaya al aeropuerto. ¿Crees que alguien va a tener muchas ganas de escucharte? Si va tu madre, habrá por lo menos una persona que sí. El resto te prestará bastante poca atención, con lo que tendrás que prepararte realmente bien para entretenerles.

El Rey nos habla en un momento fin de congreso viernes por la tarde, cuando todos estamos pensando y haciendo otras cosas. Además, es un mensaje repetido todos los años a la misma hora, es predecible. Seguro que si hablara hoy por la noche, tendría audiencias record.

La sugerencia es cambiar la hora a justo antes de que la gente empiece a irse de casa para cenar, a eso de las seis – siete de la tarde. Así, incluso se podría comentar el discurso a modo de romper el hielo al llegar a casa de la cuñada.

LA VOZ

Seamos francos, Don Juan Carlos no tiene la voz de Frank Sinatra. Es muy agradable, pero no engancha. La razón es la falta de inflexión. La inflexión de la voz se compone de tres elementos: la velocidad, el volumen, y el tono.

Para ser atractivo como presentador, hay que variar los tres componentes durante el discurso. Es necesario subir y bajar el volumen, acelerar y ralentizar, y cambiar el tono, para enfatizar puntos que queramos destacar. El rey no tiene necesidad de ser atractivo, la verdad, porque no depende de los votos de nadie. Aunque, tal como están las cosas, igual sería interesante que empezara a preocuparse por ser tan bueno hablando como un político que depende de cuatro votos.

CROMOS

Para hacer un discurso interesante, hay que sacar cromos cada seis minutos mínimo. Si no, la audiencia desconecta. Tiene otras mil cosas en que pensar antes que en tu presentación.

Cromos son ejemplos, historias, citas, enseñar objetos, incluso chistes. Imagínate que el Rey nos cuenta alguna anécdota positiva de su operación de cadera este año, para ilustrar que ha sido un año regular pero que hay que tener optimismo porque todo se arregla. Tendría un pico de audiencia inmediato que ni la selección de fútbol. Se puede hacer, siempre manteniendo la necesaria formalidad.

Con estos tres sencillos consejos, es posible que la monarquía vuelva a ganar en popularidad. Si no frente a otras alternativas de estado, por lo menos frente al pavo y al marisco.

A la Luna (JFK)

 

Foto: US Embassy New Delhi

JF Kennedy era un tipo con un magnetismo disparado, con su peinado permanente de presidente rebelde, si eso es posible, su sonrisa apreciativa, y su mueca de niño malo que te daba confianza instantánea. Esta semana hace 50 años hizo su famoso discurso en Houston en el que garantizó que los americanos pondrían un hombre en la luna en la década de los 60, algo increíble si piensas que el poder computacional de la NASA entonces no llegaba al que tienes ahora en tu Smartphone:

Parte de su atractivo estaba en su facilidad para hablar en público, y en este discurso la aprovecha bien. Lo mejor que hace es usar su voz como un pincel con el que nos dibuja lo que está diciendo. Hace unos cambios de volumen magistrales, remarcando sus puntos clave por ejemplo en 03.40, 04.58, o 16.03. Esto aporta un nivel de entusiasmo contagioso, a pesar del calor que debía de estar pasando, a lo que se refiere al final y que puedes ver en el continuo secado de sudor que se hacen los de su séquito.

 
Sube y baja el tono constantemente, aunque sus frases terminan todas igual y a veces resulta tedioso. Probablemente haga esto porque lee el discurso. Además lee bastante mal, hablando cuando está leyendo. Idealmente, lees una línea en silencio, levantas la vista, y la sueltas. A continuación lees la siguiente en silencio, y vuelves a mirar al público para contársela. Así el hecho de leer pasa desapercibido. Igual no se lo había repasado bien porque Marilyn le había robado tiempo la noche anterior, y entre la luna y ella se decidió por ella. De todos modos, es un discurso de 18 minutos, difícil de memorizar. Pero cuando alguien te lee en público, desconectas. Fíjate en la diferencia al final, cuando deja de leer para decir que está decidido a conseguir lo que les ha planteado (16.19). Su magnetismo se multiplica por siete y queremos seguir escuchándole.
Otras cosas que podía haber hecho diferentes:

 
1. Agarra el atril constantemente. JFK no necesitaba parapetos, pero esta es la sensación que puedes dar cuando te agarras al atril en vez de usarlo como un soporte para tus notas. Y cuando lo agarras, tiendes a inclinarte sobre él (08.55), reduciendo la fuerza de tu voz. Además de protegerte, eliminas la capacidad de expresión de tus manos.

 
2. Mira a su izquierda bastante más que a su derecha. Los de la derecha igual no estaban muy contentos. A lo mejor eran republicanos.

 
3. Utiliza un gesto que luego copió Bill Clinton, el JFK de los 90. Junta los dedos índice, medio, y pulgar, como si estuviera metiendo una tarjeta de crédito en un cajero. Míralo por ejemplo en 01.56, 03.50, 04.40, o 11.56. A los americanos les encanta este gesto, aunque yo creo que simplemente reduce su capacidad de expresión con las manos. Puede que fuera una manera de transmitir fuerza, indicando que puede apretar lo que se proponga.

 
4. Pierde una gran oportunidad de encandilar a la audiencia desde el minuto 15.00, cuando empieza a dar un montón de cifras describiendo el cohete y otros aspectos del proyecto. Si te las aprendes, el público se queda maravillado porque parece que sabes mucho más de lo que en realidad sabes. Es más difícil recordar cifras que palabras, pero es muy sencillo recordar dos minutos de números e impactar a tu audiencia.
Aprovecha el discurso para remarcar el mensaje por el que siempre se le recuerda: los americanos podemos conseguir cualquier cosa que nos propongamos si trabajamos juntos. “Elegimos ir a la luna porque es difícil” (08.43), en línea con “no preguntes lo que tu país puede hacer por ti…”.

 

Estés de acuerdo o no con su política, se echa de menos a líderes como este, capaces de convencer hablando.

La sensibilidad comunicativa del Gobierno de Rajoy, a flor de piel

Foto: Agencia EFE

“Montoro dice que no hay dinero y se descojona….” leía en Twitter antes de empezar a escribir este artículo. Por la mañana, había hablado con Gema Vázquez, mi prima hermana y sobre todo, amiga. Abogada de profesión, hacía constar un sentimiento generalizado: “La política y sobre todo, los políticos han dejado de ser utilles”. Ayudo a políticos, a esas personas que hacen política, y creo que es necesario reflexionar siempre pero mucho más en este momento. Rajoy del que ya decíamos que su discurso no convence, ha tomado estas dos últimas semanas varios giros y han sido inesperados.

Cómo comunica su gobierno es un debate, un debate complejo sí, pero necesario. Y cómo se ha comunicado las últimas medidas de recorte, es interesante. El Gobierno está desarrollando una estrategia de comunicación de sus decisiones más importantes, y asimismo, las más duras en repercusión social, basada en la ambigüedad o en restar importancia a los propios anuncios. Un buen ejemplo de ello es la confusión que  generó Luis de Guindos al comunicar la subida del #IVA que se produciría en 2013. Hasta tal punto, que no pronunció la palabra ‘IVA’ y que los periodistas tuvieron que preguntarle después para confirmar si lo que habían escuchado correspondía a un aumento de este impuesto.

Cada vez resulta más evidente que gobernar es, ante todo, comunicar, de ahí que el gobierno se caracterice en la actualidad más por ser un vínculo y enlace que una entidad ejecutiva; de operador, el gobierno está comenzando a ser rector y facilitador.

La palabra empatía tiene como uno de sus significados; Sentimiento de participación afectiva de una persona en la realidad que afecta a otra.

Foto: Agencia EFE

Y ¿es necesaria la empatía en política?. Mucho. Es trabajo de todos y cada uno de los ministros pero especialmente parece no haberlo entendido, Cristóbal Montoro.  Es el que tiene que hablar con las comunidades autónomas y convocar un Consejo de Política Fiscal para forzarles a reducir su déficit. El guión dice que tendrá que convencerlas de que eliminen organismos, hagan despidos de empleados públicos y corten todo tipo de inversiones, lo que deprimirá aún más la economía.

El partido del Gobierno ha enfrentado al corazón de su electorado: la clase media que cotiza en el IRPF o los que tienen rentas del capital. Además, el recorte profundizará la recesión. Entonces, ¿dónde está la luz al final del túnel?. La herencia recibida es un argumento que tiene poco recorrido y Rajoy ya ha empezado a quemarse. O mejor, dado que él no ha salido, a quemar a sus ministros económicos. Y esto es sólo el primer paso de una larga travesía de malas noticias. Las mismas que no quiso dar en la campaña electoral. Ni en el debate de investidura. Pero siempre llega la hora de la verdad.

Rajoy ya debería saber que se perdonan los errores, los engaños no

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Presidente, he de decírselo porque yo a veces también “reviento”, le veo preocupado. ¿Ausente?. No, quizás triste. Triste porque en siete meses de gobierno no ha conseguido que su mensaje llegue. No siquiera el pesimista. El meme o mensaje de la herencia recibida ya no sirve ahora, quizás fue útil durante los dos primesos meses, pero ya no es creíble. ¿Por qué?. Porque Europa le ha mirado, y le ha mirado fijamente a los ojos. Y su negativa a sumir la palabra “Rescate”, en casa, por razones puramente partidistas le ha posicionado en el terreno de la falsedad, percibida, y que es tan obvia que se volverá contra usted y su Gobierno.


Personalmente, creo que habría sido mejor, o al menos no tan negativo, que asumiera sus errores y llamara a las cosas por su nombre, como creo que prometió “al pan, pan, y al vino, vino”. Siento decírselo, los ciudadanos y las parejas, perdonan los errores sí, pero no los engaños. En política y en el día a día, la confianza es el bien más preciado y usted no es convincente y si dejaa de ser convincente, no transmite credibilidad y si dejasde transmitir credibilidad no generará confianza y sin confianza (y creo que lo he dicho muchas veces ) ¿qué queda?.


No creo que le quede mucho. La semana pasada se refugió en disculpas infantiles al dar cuenta de una carta que envió al presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, y al presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, resaltando la gravedad y urgencia del problema y reiterando sus propuestas para la reforma de la Unión Europea.


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Parece que con esa información sobre su epístola europea trataba de responder a Barroso en el empeño, no menos infantil. sobre quien presionó a quien.

¿Prefiere equivocarse sólo?. Parece que ha elegido ese estilo presidenciable. Los esfuerzos suyos y de sus ministros al no pronunciar la palabra “rescate” en cada acto público y sesión de control parlamentaria, es contraproducente a nivel interno, pero también exterior.

Supongo que usted ha elegido el mal menor pero incumple su promesa de llamar al pan, pan y al vino, vino. Lo que no ignora usted que las palabras pueden encerrar carga política e ideológica. Es decir, que comunican. Aunque, supongo que usted y su equipo, entienden que asumir el término “rescate” implica reconocer cuotas de culpa: que el Gobierno no controla la situación ni, por supuesto, está en condiciones de resolver el problema financiero con sus propios medios, por ejemplo.

El clip de Mariano

En la comparecencia de hoy 10 de junio, sobre la la ayuda europea que recibirá España para sanear su sector financiero, Mariano Rajoy transmite un mensaje de tres puntos claro y bien estructurado. Otra cosa es la importancia que le da a cada punto.

En su presentación, Rajoy destaca tres cosas, en orden de importancia según el número de veces que las repite.
1. Sigo con el plan que dije que iba a seguir, por si alguien se está sorprendiendo: buscar el equilibrio presupuestario saneando las administraciones públicas; hacer reformas estructurales como la laboral; y restructurar el sistema financiero. Lo repite en tres ocasiones (01.10, 03.30, 15.38).
2. El euro ha sido reforzado con esta intervención, “ha ganado el euro” (04.04, 07.55). Misiva clarísima para los mercados, con la que además termina.

3. Los españoles están demostrando madurez ante las medidas (06.30). Coletazo casi al final dirigido a subir la moral.

 

Tal vez habría sido mejor reforzar el punto que menos reforzó. Lo que se echa de menos en este discurso es la insuflación de ánimo a la audiencia, de ganas de vencer al dragón. Es en estas presentaciones, en las que el país está pendiente de ti casi tanto como del fútbol, cuando tienes la ocasión de oro de galvanizarlo. Eso hicieron, para bien y para mal, Churchill, Hitler, Roosevelt, Franco, Kennedy, Truman, Jack Welch, y tantos otros. Y no se dispone de muchas como esta. Yo le habría dado la vuelta al discurso, empezando por hablar de cómo el país está sufriendo sin rendirse, y cómo el futuro va a traer lo mejor si lo sigue intentando. Posiblemente el problema esté en que se busca la defensa a corto plazo de la política que se está poniendo en marcha, con la mirada puesta en las elecciones siguientes, más que en el largo plazo. Además, no les habría dicho que “el gobierno les agradece” nada (07.05, 07.28), desde una posición de magnanimidad que solo le distancia del público. El gobierno está pagado por la audiencia, así que no hay nada que agradecer, simplemente intentar hacerlo bien y rendir cuentas.

 
Aparte del mensaje bien estructurado, demuestra un buen dominio del contacto visual, mirando a las diferentes zonas de la audiencia de periodistas. Era una rueda de prensa, pero también podía haber usado la cámara para mirar a la audiencia del país, sobre todo cuando habla de la madurez que dice que muestra. Aparece sereno y dominando la situación.

 
Podría haber evitado hacer varias cosas relacionadas con su estilo al hablar en público:
1. Utiliza “eeeh” como muletilla con frecuencia. Da la sensación de que teme quedarse callado esos instantes, y por tanto transmite inseguridad.
2. Junta las manos con frecuencia, a modo de protección del torso. Más inseguridad aparente.
3. Machaca el esqueleto de un clip cuando junta las manos. Mientras gesticula con una, la otra sujeta el clip abajo. Cuando se juntan, juegan con el clip, o con el bolígrafo. Esto es de primero de Presentaciones. No es bueno jugar con ningún objeto mientras presentas, porque la audiencia va a percibir que estás descargando tensión, y si estás descargando tensión igual es porque estás contándoles algo de lo que no estás muy seguro, o incluso una trola. Cuando el periodista más retorcido le pregunta por qué se va a Polonia a ver el partido de fútbol (19.38), se da cuenta de que tiene que aparecer sincero y auténtico porque aquí le pueden pillar, así que deja el boli y el clip. Sabe que así transmite más sinceridad, pero no lo tiene en cuenta durante el resto de su intervención.
4. Cuando le hacen preguntas, muestra una actitud de confrontación. Para ceder la palabra al periodista al preguntar, le dice “a ver, siguiente”, o “adelante”. Sería mucho más educado decir “por favor”, o “aquí tenemos otra pregunta”. Además, no mira al que pregunta, sino que fija la mirada en sus notas o en otras partes de la sala, durante la mayor parte del tiempo de la pregunta. Y cuando responde, mira continuamente al que ha hecho la pregunta, despreciando al resto.

 
La clave está en el clip. Cuando eres consciente de la importancia de una presentación para tu audiencia, dejas de concentrarte en ti para dedicarte al público. Y te olvidas de descargar tensión en un clip, para añadírsela al mensaje.

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