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El Rey, abdicación y políticas pequeñas #elreyabdica

Hemos tenido casi 40 años para redactar y debatir sobre esa Ley de Abdicación, ¿por qué ahora en pocos días hay que hacerlo todo?

Sin duda serán muchas y variadas las razones por las que habrán instado al Rey que abdique, haciéndole ver que una retirada a tiempo equivale a una victoria. Lógicamente desde la Casa Real no tienen más remedio que comunicar que la decisión ha sido personal del monarca, y que en nada ha influido la situación política actual. Sin embargo, los malos resultados en las europeas de los dos grandes partidos y la decisión de Rubalcaba de abandonar la Secretaría General del PSOE, han debido pesar como una losa.

La celeridad con la que las instituciones del Estado están tramitando la decisión del Rey, para que todo pueda estar listo para el próximo día 19, da mucho que pensar. El Senado incluso se ha saltado a la torera su propio reglamento al convocar un pleno para votar la ley en lectura única para el martes 17 de junio, cuando ni siquiera ha recibido el texto del Congreso, ya que no lo aprobará hasta el 11 de junio. Hemos tenido casi 40 años para redactar y debatir sobre esa Ley de Abdicación, ¿por qué ahora en pocos días hay que hacerlo todo? A mí, la impresión que me da, es que lo hacen de esa forma precisamente para eliminar cualquier atisbo de debate tanto en las Instituciones como en la calle.

El PSOE, o más bien Rubalcaba, parece tener decidido su voto que para nada coincide con la que muchos de sus militantes manifiestan públicamente. Espero que no impongan la disciplina de voto, dejando que sus diputados lo hagan libremente actuando como representantes del pueblo y no de su partido. Habría que recordar que en 1978 el PSOE se abstuvo cuando se votó que “la forma política es la monarquía parlamentaria”. El motivo esgrimido entonces fue que “ninguna generación puede comprometer la voluntad de las generaciones sucesivas”. ¿Qué ha cambiado?

Pero como siempre en estos asuntos, suele ser el PP quien nos deja los grandes titulares y son sus políticos, junto a su Fiscal General, los que no pueden evitar convertirse en los auténticos protagonistas. En ocasiones anteriores, cuando se le ha preguntado a Rajoy sobre la Monarquía o sobre una reforma de la Constitución en ese sentido, siempre ha respondido que “no toca”. Sin embargo, ahora que no puede negar que sí toca, no se le ocurre decir otra cosa que el que quiera introducir una modificación saque primero mayoría absoluta. Deja patente, una vez más, su prepotencia y su preferencia por retar antes que por debatir. De igual forma ha criticado abiertamente la postura de CiU de abstenerse. Según dice, al partido catalán le falta sentido de Estado y hace “políticas pequeñas”. No creo que sea necesario recordarle al Sr. Rajoy que, en el momento clave para mostrar sentido de Estado -cuando se votó la Constitución- sus predecesores de Alianza Popular se dedicaron a hacer políticas pequeñas votando a favor algunos, absteniéndose otros, y votando en contra el resto.

Gallardón es otro de los que no suele faltar a estas citas. Esta vez se ha descolgado con unas declaraciones que resultan de lo más contradictorio. Ha venido a decir que proponer modificaciones en la Constitución es profundamente antidemocrático. Dicho de otra manera, pensar de forma distinta, para el Sr. Gallardón, es no ser democrático. Pero sin duda la medalla se la lleva esta vez Torres-Dulce. “Lo que no está en la Constitución no existe en el mundo jurídico ni en el político”, ha manifestado con relación a un referéndum sobre la monarquía. Muestra, de esta forma, un desconocimiento alarmante de la propia Carta Magna que en el primer punto del Artículo 92 establece que “las decisiones políticas de especial trascendencia podrán ser sometidas a referéndum consultivo de todos los ciudadanos”.

A mí no se me ocurre una decisión política de mayor transcendencia. ¿A vosotros, sí?

 

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Por qué el discurso del rey en Nochebuena es de los más aburridos del año

Foto: Casa Real

Si ordenamos las presentaciones que hemos visto durante el año de más aburrida a más entretenida, probablemente el discurso del Rey en la tele cuando estamos todos poniéndonos hasta arriba de marisco, pavo o/y cordero, tenga el dudoso honor de estar entre los tres primeros.

Hay que concederle una cosa, y es que transmite confianza. Siempre podemos estar seguros de que nos va a hablar de cosas con las que todos estamos de acuerdo. La familia, el gran país que somos, el dinamismo que tenemos, lo que nos une, acabar con los malos, y superar los baches comunes.

Pero no logra superar las posiciones de cola en nuestro orden de presentadores que nos cautivan. Aquí van tres consejos dirigidos a la Casa Real para mejorar en el ranking.

EL MOMENTO

Imagina que vas a presentar en un congreso de expertos en tu profesión. Es el jueves y el viernes, y a ti te toca hablar el viernes a las cuatro de la tarde, justo antes de que todo el mundo se despida y se vaya al aeropuerto. ¿Crees que alguien va a tener muchas ganas de escucharte? Si va tu madre, habrá por lo menos una persona que sí. El resto te prestará bastante poca atención, con lo que tendrás que prepararte realmente bien para entretenerles.

El Rey nos habla en un momento fin de congreso viernes por la tarde, cuando todos estamos pensando y haciendo otras cosas. Además, es un mensaje repetido todos los años a la misma hora, es predecible. Seguro que si hablara hoy por la noche, tendría audiencias record.

La sugerencia es cambiar la hora a justo antes de que la gente empiece a irse de casa para cenar, a eso de las seis – siete de la tarde. Así, incluso se podría comentar el discurso a modo de romper el hielo al llegar a casa de la cuñada.

LA VOZ

Seamos francos, Don Juan Carlos no tiene la voz de Frank Sinatra. Es muy agradable, pero no engancha. La razón es la falta de inflexión. La inflexión de la voz se compone de tres elementos: la velocidad, el volumen, y el tono.

Para ser atractivo como presentador, hay que variar los tres componentes durante el discurso. Es necesario subir y bajar el volumen, acelerar y ralentizar, y cambiar el tono, para enfatizar puntos que queramos destacar. El rey no tiene necesidad de ser atractivo, la verdad, porque no depende de los votos de nadie. Aunque, tal como están las cosas, igual sería interesante que empezara a preocuparse por ser tan bueno hablando como un político que depende de cuatro votos.

CROMOS

Para hacer un discurso interesante, hay que sacar cromos cada seis minutos mínimo. Si no, la audiencia desconecta. Tiene otras mil cosas en que pensar antes que en tu presentación.

Cromos son ejemplos, historias, citas, enseñar objetos, incluso chistes. Imagínate que el Rey nos cuenta alguna anécdota positiva de su operación de cadera este año, para ilustrar que ha sido un año regular pero que hay que tener optimismo porque todo se arregla. Tendría un pico de audiencia inmediato que ni la selección de fútbol. Se puede hacer, siempre manteniendo la necesaria formalidad.

Con estos tres sencillos consejos, es posible que la monarquía vuelva a ganar en popularidad. Si no frente a otras alternativas de estado, por lo menos frente al pavo y al marisco.

Renovación borbónica

Foto: Wikipedia

Ya es la hora. Comienza a ser el momento en el que sobre la mesa se ponga la abdicación del Rey en favor de su hijo, el Príncipe Felipe. Y es que, aunque no queramos verlo Don Juan Carlos ya no es ningún chaval, con 74 años hemos visto como en los últimos dos su salud se ha venido deteriorando bastante. El último episodio ha sido cuando recientemente ha sufrido una rotura de cadera de la que tuvo que ser urgentemente intervenido.

El Rey, nuestro Rey, es una de las figuras que goza de más popularidad en nuestro país y en gran parte del extranjero. Y hacemos bien, pues no es poco lo que le debemos, la historia de España probablemente seria otra sino fuera por su labor durante la transición democrática. Además, su papel en las relaciones internacionales ha sido de gran utilidad en innumerables ocasiones. Es cierto que tenemos mucho que agradecerle, como también el hecho de que nos haya dado un heredero, el Príncipe Felipe, futuro de la monarquía, que pasados ya los cuarenta se encuentra sin lugar a dudas sobradamente preparado para asumir la gran carga que supone ser Jefe del Estado.

El conjunto de circunstancias actuales hacen, desde mi humilde opinión, que descombremos el debate sucesorio. Durante los próximos dos meses el Rey se encontrará de baja, sin duda prueba de fuego para un Príncipe, que aunque goza de las simpatías de la mayoría de la población aún no ha tenido oportunidad de ganarse en el ruedo un sitio en los corazones españoles. Además la realidad política, social y económica empiezan a demandar un cambio de timón real.

Casado con una mujer no solo plebeya, sino además divorciada, con dos hijas que supondrán la primera vez que en este país haya una Reina con todas las condiciones que una Reina debe tener, Felipe es sin duda un Rey del futuro, que refleja en su persona los cambios y transformaciones que en nuestro país han tenido lugar en los tiempos, refleja los cambios que han sobrevenido, pero también los que aún están por llegar.

La labor que hasta la fecha Don Juan Carlos I ha realizado por este país es intachable, pero desde el respeto, no es la persona adecuada para el futuro de este país. España asume ahora una de sus mayores transformaciones desde que entramos en la democracia,  nuestras vidas se removeran desde sus cimientos y esa transformación debe también ir guiada por nuevos vientos monárquicos.

Además el hecho de no esperar hasta lo inevitable para afrontar el debate de la sucesión real otorga un punto a nuestro favor, puesto que Don Juan Carlos podrá guiar al Príncipe al inicio de su labor.
En un momento en el que los contrarios a la monarquía empiezan a elevar el tono, corresponde a Don Felipe acallar las voces, revitalizando el papel de la monarquía de los próximos 30 años. No es un trabajo fácil, y sin duda esa supondrá su gran prueba de fuego, si la Casa Real quiere salir victoriosa de esa batalla cuanto antes la empiezen antes la acabaran.

Monarquía o III República

Uno nunca ha sido muy monárquico. Tampoco he sido muy republicano. Lo cierto es que nunca he reflexionado mucho sobre este tema. Pero en realidad, es algo de pura lógica, cualquier persona con mínimas convicciones democráticas debería ser republicana, ya que, de la misma forma que no creo en la religión cristiana, no debería creer en la monarquía. Si no creo en un dios hacedor del universo, no debería creer en un sistema de reino hereditario por la gracia de Franco. En España, a pesar de lo que dicen, hay pocos monárquicos. Unos son más JuanCarlistas que monárquicos, otros son de convicción republicana y otros son franquistas resentidos que creen que el Rey les traicionó a ellos y a los suyos. Sea como sea, cuando fallezca el Rey debería abrirse un debate serio sobre el futuro de nuestro país. No sé yo si los políticos actuales van a estar a la altura (en realidad, estoy seguro de que no), pero va a ser necesario tener una valentía, un sentido de Estado y unas firmes convicciones democráticas que actualmente no veo por ninguna parte en la clase política actual (y como siempre, me refiero las cúpulas de los partidos).

Pero eso nos deja varias reflexiones. La primera es sobre ése argumento que dice que “los presidentes de República siempre se enriquecen a costa del pueblo”. A eso es fácil responder que ya lo hace ahora la família real y, por otro lado, ¿qué hay más democrático que permitir a cualquier familia española enriquecerse a costa del pueblo, en lugar de ser siempre la borbónica? En segundo lugar, ante el argumento de “¿Y quienes serían candidatos a la Presidencia de la República? ¿Aznar, González y Anguita? ¡Para eso no cambiamos!” se podría argumentar que “hombre, personas mayores en los partidos españoles hay muchas, seguro que a alguien competente encontraríamos, aparte de a estos tres”.

Eneko presenta en una viñeta su visión de cómo renacerá la III República.

Pero creo que lo realmente fundamental sería definir claramente qué atribuciones tendría un presidente de la III República Española. ¿Qué poderes tendría? ¿Sería meramente representativa como el Rey? Ya puestos, mejor darle alguna atribución más, ya que te pones a cambiar el sistema estructural del país ¿Sería como un presidente francés, como uno alemán, como el presidente de EE.UU. o un Primer Ministro británico? Es todo un debate, aunque el modelo europeo me parece más adecuado y parlamentario que el anglosajón. La diferencia es quien tiene el poder real, el presidente de la República o el presidente del Gobierno. ¿Y quien elige al presidente del Gobierno en una República? ¿Lo deben eligir los electores o el presidente de la República a dedo? Son todas ellas cuestiones fundamentales para el futuro del país. ¿Y qué país queremos? ¿Uno centralista o uno federal/autonómico? ¿Damos representatividad específica a ciertas regiones históricas o seguimos con la estupidez del “Café para todos” del actual marco autonómico?

Yo, puestos a elegir, prefiero un estado federal en el que cada región escoja si quiere ser dependiente del Estado Central o ser un Estado Federal/Nación con competencias propias. Que cada uno decida qué quiere ser, en lugar de un modelo centralista francés o una autonómico español. En este sentido (y sólo en este) Alemania debe ser nuestra guía. No sólo porque es un sistema altamente eficiente (más por los propios alemanes que por el sistema en sí, lo reconozco), sino también porque da la libertad a cada región de decidir el modelo que más le beneficia. Eso, aunque muchos estén en contra, sólo hace que beneficiar al conjunto del país, porque las sensibilidades históricas quedan satisfechas y porque el crecimiento económico de cada región es proporcional a su esfuerzo, ingenio y modelo productivo.

Pero no me engaño. Esto es España. Aquí somos incapaces de ponernos de acuerdo en nada, dudo mucho que nuestros actuales políticos tengan suficiente altura de miras en temas tan fundamentales como los que planteaba en el tercer párrafo de este post. Hay demasiadas herencias políticas, ideológicas y guerracivilistas como para conseguir el reseteo necesario que este país necesita. Quizá, después de todo, la monarquía es lo más práctico, que ya se sabe que las reformas las carga el diablo y, conociéndonos acabaríamos en una dictadura sin darnos ni cuenta… OH WAIT!