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“Ni esto ha acabado conmigo”

01/03/2014. Entrevista de Isabel García-Zarza publicada en Yo Dona.

Yo Dona_ Javier SalasAl despertar del coma pensó que se iba a morir y se preparó para ello. En realidad estuvo a punto de hacerlo no una, sino dos veces tras el brutal accidente en que fue arrollada por un coche cuando iba en moto por el paseo de la Castellana de Madrid, desierto en agosto. Todavía en estado crítico pidió que la sentaran en un sillón, con todos los tubos, porque creyó que tumbada en la cama era más fácil que se muriera. Y con la misma fuerza de voluntad con la que dejó de fumar un día de 1988 que aún recuerda, Cristina Cifuentes (Madrid, 1964) le plantó cara a la muerte.

Pidió el alta antes de tiempo porque estaba convencida de que la adrenalina del trabajo le iba a ayudar tanto o más que los parches de morfina a soportar los zarpazos de las lesiones. Y así ha sido. Medio año después del accidente está ya prácticamente recuperada, aunque todavía sigue con un programa estricto de rehabilitación. Dice que ha cambiado, que el suceso la ha anclado en el aquí y en el ahora. En el presente. Quizá porque, como dijo hace poco en su twitter, citando a Dante, «quien sabe de dolor lo sabe todo». Se niega a hablar del futuro, aunque son muchos los que quieren verla como candidata de su partido a la alcaldía de Madrid, o incluso a la presidencia de la Comunidad.

Habla con vehemencia y ante determinadas preguntas mide cuidadosamente sus palabras. Elige bien cómo dejarse fotografiar. «Esto es política», advierte al fotógrafo. Y es que Cifuentes, funcionaria de la Universidad, lleva en esto media vida. Fue diputada en la Asamblea de Madrid y desde hace dos años es delegada del Gobierno. La entrevistamos en la sede de la delegación, verdadero centro de control de lo que ocurre en la capital. Este palacete fue la vivienda de unos marqueses y luego la embajada de Japón. Aún quedan telas de seda con flores en las paredes. Sobre ellas, sus cuadros de Tintin. En su mesa de despacho, un montón de papeles por firmar.

Llega a la entrevista con el pelo suelto, vestida de negro, con pantalones de cuero y botas de motera -aunque de momento haya aparcado la moto-. Parece otra. Para las fotos adopta la imagen oficial, con ropa más formal y la coleta, su peinado de trabajo -«estoy todo el día con la policía y la guardia civil», se justifica. Se la hace y le cambia no solo la cara, sino la actitud. Ya está de servicio.

Se acaban de cumplir seis meses del accidente. ¿Cómo se encuentra?
Bastante bien afortunadamente, sobre todo para la magnitud que tuvo. Aún he de hacer mucha rehabilitación. Tengo todavía una vértebra aplastada, las fracturas en las costillas están consolidando muy bien, pero es lento. El pulmón, que fue lo más grave, ya está como si no hubiera sufrido el accidente. Tengo dolores, aunque ya no llevo parches de morfina, de vez en cuando tomo algún analgésico, pero intento que no sean muchos. Ayer estuve muy contenta porque conseguí evitarlos. Es cuestión de tiempo, la fisio es importante para no quedar con un dolor crónico de espalda. Si esto no pudo conmigo en el hospital, mucho menos ahora. Los médicos están muy asombrados de cómo he evolucionado, pensaban que iba a estar mínimo cuatro o cinco meses ingresada.

¿Llegó a temer por su vida?
Sí. Estuve a punto de morirme dos veces, la primera vez en la ambulancia, que llegó enseguida. Me dolía todo mucho, ya estaba encharcado el pulmón derecho. A mitad de camino me sedaron y tuvieron que parar para intubarme porque me estaba muriendo. Y me salvaron la vida. La segunda vez fue en el hospital de La Paz. Tuvieron que operarme de urgencia. Y a los cuatro días, cuando estaba en coma inducido, los médicos pensaron que era el final. Estaba al borde de un fallo multiorgánico porque el golpe en el corazón fue muy fuerte. De todo eso me enteré después. Y aunque no conocía mi gravedad, cuando estaba en la UCI, al poco de salir del coma, sentía que me moría. Quería que aquel sufrimiento terminara. No era solo dolor, era dolor y miedo. Y me resigné a morir. Me preparé para ello, pensé que mis hijos ya eran mayores… Pero una vez que pasó ese momento, me dije que tenía que salir de ahí como fuera.

Y entonces empezó a recuperarse.
Sí, y se asombraron los propios médicos. Me levanté de la cama y me instalé en un sillón enchufada a las máquinas. Estaba convencida de que acostada era más fácil que me muriera. Esa actitud y el esfuerzo por salir adelante fue lo que me hizo recuperarme de manera tan rápida y sorprendente.
Se ha definido siempre como agnóstica. ¿En esos momentos tan duros cambió su manera de pensar?
En ese sentido no. Durante la estancia en el hospital mucha gente rezó por mí y me hizo llegar desde una virgen de Lourdes bendecida hasta estampas. Estas cosas, independientemente de que se crea o no, no perjudican y estoy muy agradecida. Y si ha habido por ahí algún tipo de intervención… Mi madre dice que lo mío ha sido un milagro.

¿Cómo le ha cambiado el accidente?
Cuando ves la muerte cerca, recolocas toda tu vida. Aprendes a verla de otra manera, y esto, que todos creemos que lo sabemos, se nos olvida. Cuando sales de tu casa por la mañana das por hecho que vas a volver, y a lo mejor no es así. Cuando te ocurre algo, eso que siempre crees que le pasa a los demás y no a ti, te sirve para no dejar demasiadas cuentas pendientes. Y sobre todo para intentar disfrutar el día a día, apreciando las cosas sencillas, que son las que más satisfacción te dan, tu familia, tus amigos y poco más. El resto lo relativizas mucho. Para que algo me preocupe realmente tiene que ser muy importante. Es raro que me enfade. No me tomo las cosas con más tranquilidad, porque sigo trabajando igual y con la misma energía que antes. Pienso en el presente, nunca a largo plazo. Planear el futuro es un error, no tiene ningún sentido.

Vamos al corto plazo. Si hubiera estado en el Congreso durante la moción de IU contra el anteproyecto de la ley del aborto, ¿qué habría votado?
Afortunadamente no soy diputada. No sé qué habría hecho, pero posiblemente habría tenido un problema.

¿Como Celia Villalobos, que va a ser sancionada por votar en contra del criterio de su grupo parlamentario?
No es la primera vez ni la última, todo el mundo conoce perfectamente su posición.

¿Ha sido un error plantear esta reforma?
Se trata de un tema de gran complejidad jurídica y política, resulta difícil hablar en términos absolutos. Es cierto que el PP tenía un compromiso electoral y los compromisos hay que cumplirlos. Con la ley del año 85 se había conseguido que la regulación del aborto no fuera un problema, fue un tremendo error del Gobierno de Zapatero cambiarla. Nadie estaba deacuerdo con que las menores de 16 años pudieran abortar sin el conocimiento de los padres. Sí había que reformar la actual legislación para cambiar esa situación y regular de otra manera la píldora del día siguiente. En cuanto al resto, mi opinión ya la he manifestado públicamente [está a favor de una ley de plazos]. Hay un debate en el seno del Partido Popular y eso es positivo. Pero me gustaría que cuando legislemos lo hagamos representando al más alto espectro de sociedad, y con el máximo consenso.

¿Hay que cambiar el anteproyecto?
Sí, habría que modificarlo y esperar a ver qué dice el Tribunal Constitucional.

La delincuencia en Madrid ha bajado un 4,3%. ¿A qué se debe?
Se creía que iba a haber un repunte debido a la crisis pero no ha sido así por tres razones: se han llevado a cabo políticas preventivas -desarticulando 500 grupos criminales-, hay más colaboración ciudadana y, en tercer lugar, se ha hecho un esfuerzo por optimizar recursos. Pero no me gusta ser triunfalista, porque una cosa son las cifras y otra la percepción del ciudadano. Hay que mantener la lucha para avanzar hacia esa utopía del delito cero.

Sus dos años en la delegación coinciden con una época de gran agitación social. Se ha registrado una media de 11 manifestaciones al día. ¿Han llegado a temer un Gamonal en Madrid?
Es un temor que está ahí casi desde el minuto cero. La movilización en la calle ha vivido un aumento exponencial, por el descontento con la crisis y las medidas del Gobierno. Pero también hay un componente de crítica política porque las manifestaciones han aumentado desde que empezó a gobernar Rajoy. A pesar de todo, solo en ocho ocasiones ha habido intervención policial con material antidisturbios.

Dicen que prefiere pasarse que quedarse corta respecto a la presencia policial.
Por supuesto que lo prefiero cuando tenemos informes que nos hacen temer que haya elementos violentos. A veces en manifestaciones pacíficas se infiltran radicales para reventarlas. Entonces prefiero hacer un despliegue disuasorio para evitar una intervención.

Desde fuera asistimos a lo que parecen luchas de poder en el PP. ¿Cómo se deben elegir los candidatos?
Nuestros sistemas de elección son democráticos, lo que no quita que puedan ser más abiertos. Si en una Comunidad solo hay un candidato puede que no haya otro con ganas o apoyos, como ha ocurrido en Andalucía.

¿Se ve como candidata para las elecciones municipales y autonómicas de 2015?
Cuando militas en un partido y te comprometes, como yo desde 1979, siempre estás donde diga el partido. Cuando me ofrecieron ser delegada del Gobierno ni lo pensé. El día que decidan que me tengo que marchar a mi casa pues me iré. Desde luego no estoy en ninguna carrera sucesoria. Es una hipótesis que no me planteo en absoluto. No es el momento, queda año y medio y eso en política es muchísimo.

El PP ha caído en los sondeos. ¿A qué lo atribuye?
Está gobernando y ha tenido que tomar medidas muy dolorosas, alguna de ellas incluso en contra de lo que había prometido en campaña, como la bajada de impuestos, que no se ha podido llevar a cabo, pero que se va a hacer. Cuando llegamos al poder España estaba al borde del precipicio, y ahora lo peor ha pasado.Hemos tocado fondo y empezamos a salir. Y eso el ciudadano a medida que vayan pasando los meses lo irá percibiendo. Tomar medidas tan drásticas pasa factura.

Se está dando un tremendo desapego respecto a los políticos. ¿Cómo recuperar la confianza de la gente?
Es un tema que me inquieta muchísimo, somos la segunda preocupación por detrás de la crisis y el desempleo. Se nos percibe como parte del problema y no de la solución, como debería ser. Lo entiendo porque cuando se dan casos de corrupción es algo espantoso y se tiende a generalizar. Tenemos que recuperar la confianza, no tengo la receta mágica, creo que trabajando duro, dando la cara y muchas explicaciones.

¿Y le parece que los partidos están dando la cara con los casos de corrupción?
Creo que el mío sí. Se han aprobado reformas legislativas que van en esa dirección, como aumentar las penas para esos delitos e impedir que se repitan situaciones como la de Bárcenas o el caso Gürtel.

¿Cómo han afectado al PP estos casos?
Lo que ha tenido que ver con Bárcenas ha sido un shock para todos, desde los dirigentes hasta los militantes. Saber que teníamos en el núcleo del poder una persona que parece ser que ha utilizado su cargo para enriquecerse resulta muy difícil de aceptar. Lo único que espero es que la justicia actúe cuanto antes, y con todo su peso. La mayoría de la gente que está en política es honrada, con vocación de servicio público, pero ese goteo permanente de noticias perjudica mucho a todos y genera rabia.

¿Nota esa indignación en la calle?
La verdad es que no. Cuando salgo, porque trato de hacer una vida absolutamente normal, noto mucho cariño. Siempre he hecho mucha vida de barrio, de estar en la calle y ahora además camino mucho, me viene bien para mi recuperación.

¿Cómo se relaja?
Me encanta leer y el cine, es mi vocación frustrada. Me habría encantado escribir sobre cine, durante años para mí lo máximo era ir una sala y ver varias películas seguidas. No voy a pasar el rato, sino a analizar la cinta, y para eso mejor solo. Ahora lo hago muy poco, porque no tengo tiempo, y me da rabia ya que las películas hay que verlas en la pantalla grande. Veo mucho cine en casa y también series, que las hay magníficas.

Una película favorita.
Tengo muchas, me cuesta decir una sola… Blade Runner me encantó, porque fue innovadora y se sigue copiando. También la trilogía completa de El Padrino. Pero me gusta todo: comercial, de aventuras, el dogma de Lars von Trier, los hermanos Cohen, Robert Altman, Woody Allen…

También es una gran lectora.
Ahora leo un poco menos y he ido cambiando. Antes lo hacía por aprender cosas y ahora para disfrutar, si un libro no está bien escrito lo dejo. Me encanta la novela negra, las sagas completas, Mankel, Camilleri, Silva, todos los autores escandinavos de nombre impronunciable…

Prefiere en papel o en ebook.
En papel. Soy absolutamente digital en todo, excepto con los libros. Me gusta tocarlos, olerlos… Incluso tengo encuadernados algunos de mis autores favoritos, como los de Paul Auster. La tecnología te facilita mucho todo, pero no me acostumbro a leer en ebook.

Mientras habla se sacude con la mano un ramillete de medallas y colgantes que lleva al cuello. En el interior de la muñeca derecha se ve un tatuaje (cuenta que tiene otros cuatro repartidos por el cuerpo). Este es un símbolo chino de protección. Hasta la fecha parece que le ha funcionado.

[La entrevista en la web de Yo Dona]

La convención del bochorno

Floriano, el vicesecretario general de Organización, dijo que han sido capaces de recuperar la economía de España, “salvaguardando siempre la sociedad del bienestar”.

monos-sabiosDurante el pasado fin de semana se celebró en Valladolid uno de los actos más bochornosos y lamentables que recuerdo en mucho tiempo. Allí se dieron cita durante tres días las altas esferas del Partido Popular para, según Rajoy, “pensar en España y en los españoles, en sus problemas, en sus necesidades y en sus anhelos”. Al final de la convención ha quedado demostrado que, como ya intuíamos, no tienen ni idea de cuáles son nuestros problemas, nuestras necesidades ni nuestros anhelos. Lo único que podemos sacar en claro de esa reunión es que la famosa gaviota la pueden sustituir en cualquier momento por los llamados tres monos sabios, esos que tienen uno la boca tapada, otro los ojos y el tercero los oídos; ni escuchan ni ven los problemas reales de los ciudadanos ni quieren hablar sobre los asuntos que nos preocupan. La convención la convirtieron en un ejercicio de autobombo sin igual, llegando a tener que ser atendidos un alto número de asistentes por presentar tortícolis persistente de tanto mirarse el ombligo.

 
Lo realmente alarmante de todo esto es que están ya tan acostumbrados a mentirnos sin el más mínimo rubor, que ya no se toman ni la molestia de intentar que esas mentiras sean lo más piadosas posibles. En ese sentido, Floriano, el vicesecretario general de Organización, no dudó en asegurar que en dos años han sido capaces de recuperar la economía de España, “salvaguardando siempre la sociedad del bienestar”. Y lo dice el hombre mirando a la cámara, sin atisbo de vergüenza alguna. Al parecer todas esas personas que han perdido derechos, ayudas o prestaciones deben estar mintiendo o viviendo una vida paralela porque la realidad es la que nos cuenta el Sr. Floriano.

 
Me he tomado la molestia -nunca mejor dicho- de leerme las 17 páginas que componen el discurso que Rajoy dedicó a sus acólitos. Después de quejarse amargamente por la deuda recibida, cuando como ya sabemos dijo públicamente que jamás se quejaría de eso ya que sabía perfectamente cuál era la situación del país, se dedicó a soltar una retahíla de sandeces que no tienen parangón en la historia de nuestra democracia. Decía que se hizo cargo de un país en el que crecía la deuda y los intereses para financiarla y que lo peor era el paro que lo hacía de forma desbocada. “Lo frenamos, lo detuvimos en seco”, aseguró. Hoy, dos años después, la deuda pública bate récord días tras día, alcanzando ya el 93,4% del PIB y necesitamos 40.000 millones de euros anuales para pagar solo los intereses de dicha deuda. El paro, por otro lado, ha subido durante su mandato en un millón de personas y solo durante el pasado mes bajaron los afiliados a la Seguridad Social en 184.000. Espero de corazón que el discurso se lo haya preparado alguno de sus 68 asesores sin graduado escolar, porque de lo contrario tendría difícil justificación este despropósito.

 
Ni una palabra sobre corrupción, ni una palabra sobre promesas incumplidas, nada sobre la Ley del aborto, nada, en definitiva, sobre los problemas de las familias. Eso sí, salieron todos encantados repitiendo como loros que el Partido Popular está más unido que nunca, pero la unión no es lo mismo que el corporativismo, señores del PP. Tan solo en la primera fila se situaban varios dirigentes en el ojo del huracán por la trama Gürtel y taparos unos a los otros no significa estar unidos, significa ser cómplices.

A favor de España

Mi conferencia en Fórum Europa Tribuna Andalucía (Sevilla), el día 30 de enero de 2014: “…el simple aleteo de una mariposa puede cambiar el mundo”. Tal día como hoy, hace dieciséis años, ETA asesinó en las calles de Sevilla a Alberto Jiménez-Becerril y a su esposa Ascensión García Ortiz. Sus dos asesinos materiales, Mike Azurmendi y […]

Privatización de la seguridad

Seguridad privada

 

 

 

 

Según el artículo 104 de la Constitución Española -esa misma constitución que, según para qué casos, es absolutamente intocable- serán las Fuerzas y Cuerpos de seguridad, bajo la dependencia del Gobierno, las que tendrán como misión proteger el libre ejercicio de los derechos y libertades y garantizar la seguridad ciudadana. En ese sentido la  Ley Orgánica 2/1986, tras declarar, como se ha destacado, que la seguridad pública es competencia exclusiva del Estado, añade que las Comunidades Autónomas y las Corporaciones Locales participarán en el mantenimiento de la seguridad pública en los términos establecidos. Por más que miro, no veo ningún apartado en nuestra Constitución que aluda en estos términos a la seguridad privada.

A pesar de esto se ha aprobado esta semana la Ley de Seguridad Privada con los votos a favor del PP y sus socios nacionalistas de CiU y PNV. Una ley que otorga a los vigilantes de empresas privadas una autoridad que jamás hubieran soñado, facultándoles para cachear y detener a ciudadanos en la vía pública, además de vigilar en establecimientos, bienes, lugares y eventos, tanto privados como públicos, “llevando a cabo las comprobaciones, registros y prevenciones necesarias para el cumplimiento de su misión”. Un paso más para establecer definitivamente un auténtico estado policial, como algunos venimos denunciando desde hacer ya mucho tiempo.

La primera reacción al escuchar esa noticia es, lógicamente, de estupor. ¿Realmente es necesario esto? Yo no creo que en España existan problemas de seguridad ciudadana como para que se tomen este tipo de medidas. Más bien todo lo contrario; motivos más que suficientes tenemos para hacer lo mismo que están haciendo en Ucrania o que anteriormente ya hicieran en distintos países árabes. Sin embargo estamos ahí, callados, sumisos, recibiendo un palo tras otro sin alzar la voz.

Sin embargo, cuando hurgas un poco en el asunto y se investiga un poco, el estupor desaparece para dejar paso a la comprensión más absoluta. Se trata de dinero. Nada más, ni nada menos, que dinero. Tanto el Ministro de Interior, como su número dos,  han confirmado que se busca favorecer el negocio de un sector castigado por la crisis y por el final de ETA. Nos podríamos preguntar por qué no ponen el mismo empeño en reconvertir, por poner algunos ejemplos, el sector naviero o la minería, de la que viven pueblos enteros pero, una vez más la respuesta a esa pregunta no es otra que el dinero. El dinero para los suyos, claro.

Y miren qué casualidad que Jaime Mayor Oreja, ex Ministro de Interior con Aznar, junto con sus hermanos José María y Carlos tienen importantes intereses en el sector de la seguridad privada en empresas tan importantes como EULEN, Prosesa, Prosegur, Protexa, Seguritec o Protección y Custodia, S.A.

Nada nuevo bajo el sol.

Palabras en el homenaje a la Constitución

Cifuentes y Gonzalez aniversario Constitución

Palabras que he pronunciado en el acto oficial celebrado con motivo del 35 aniversario de la Carta Magna Española, en la Real Casa de Correos, en el que también ha participado el presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González.

Han pasado 35 años desde que los españoles, al refrendar con nuestro voto la Constitución de 1978, sentamos las bases para la convivencia pacífica, el reconocimiento de la diversidad territorial, y la garantía de los derechos y libertades públicas. Todos los elementos que nos definen e identifican hoy como Nación.

La Constitución de 1978 marcó un antes y un después en nuestra historia, porque no era un texto impuesto, sino el fruto del consenso, del diálogo, de la voluntad de reconciliación, de la cesión de unos y de otros para alcanzar una meta común que permitiera reforzar lo que nos une como Nación, sentando las bases para construir una sólida democracia y desarrollar un nuevo modelo territorial.

Decir Constitución en 1978 era decir nuevos tiempos, democracia, unidad, solidaridad, afán de justicia y libertad, proyecto común como Nación, sobre la base de unas reglas de juego diseñadas por todos, aceptadas por todos y respetadas por todos.

A lo largo de estos 35 años, la Constitución no ha defraudado las expectativas que los españoles pusimos en ella y ha contribuido decisivamente a la estabilidad política, a la vertebración territorial y a la salvaguardia de los derechos de los ciudadanos mediante el imperio de la ley.

Como factor de estabilidad política, la Constitución ha definido una forma de Estado basada en la monarquía parlamentaria, que durante décadas ha permitido desarrollar en paz un proceso de transformaciones y modernización sin precedentes.

Como factor de vertebración territorial, la Constitución ha hecho posible que las comunidades autónomas alcancen cotas de autogobierno impensables hace sólo unos años.

Como garante de los derechos fundamentales y libertades públicas, la Constitución se ha configurado como un referente para preservar sus valores en todo el ordenamiento jurídico, velar por los derechos humanos, y evitar situaciones de abuso y discriminación.

La Constitución es hoy, sin duda, la piedra angular de nuestra democracia y la base más firme de instituciones y organizaciones esenciales para la convivencia en libertad, como la Corona, las Cortes Generales, el Poder Judicial, los partidos políticos o los sindicatos que, al margen de situaciones coyunturales, debemos fortalecer como garantes de los derechos fundamentales y libertades públicas y, en definitiva, del sistema democrático.

Todo ello, sin perjuicio de la participación de los ciudadanos en los asuntos públicos a través de iniciativas como los movimientos sociales, que la propia Constitución reconoce, pero que no puede sustituir, según algunos pretenden, a la democracia representativa fundamentada en los partidos políticos.

Porque la democracia no son sólo las urnas, pero sin urnas no hay democracia, y la Constitución representa la mayor salvaguardia del sistema democrático que, hoy por hoy, es el mejor de los sistemas posibles.

Pese a los extraordinarios beneficios que ha reportado y reporta a los españoles, sin embargo, los logros alcanzados por la Constitución se ven hoy amenazados por quienes plantean con insistencia de forma irresponsable la urgente necesidad de:
Modificar la forma política del Estado; sustentar el modelo territorial sobre bases federales de más que dudosos beneficios; y, sobre todo, quienes pretenden conseguir, de forma directa y unilateral, la ruptura de España que es, también, la ruptura de la Unión Europea en su concepción actual.

El independentismo es, sin duda, la mayor de las amenazas que vive hoy la Constitución, y supone un atentado directo al corazón de nuestra convivencia.

Conviene recordar, porque quienes propugnan la ruptura de España pretenden ignorarlo, que la Constitución se asienta de manera ineludible sobre los conceptos de “Nación”, “soberanía” e “indisolubilidad”.

Es la “Nación española”, según señala el Preámbulo de la Constitución, la que “en uso de su soberanía, proclama su voluntad” de dotarse de una norma suprema, situada en la cúspide del ordenamiento jurídico.

En esta misma línea, el texto constitucional señala en su artículo segundo que “la Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”, haciendo especial hincapié en que “la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”.

El hecho de que estos fundamentos jurídicos aparezcan en el Preámbulo y los dos primeros artículos de la Constitución, son la mejor prueba de la importancia capital que los constituyentes quisieron otorgar al elemento más importante que nos une, sin el cuál carecería de todo sentido nuestra Constitución: la Nación española.

La Constitución ha sido garante durante estos 35 años del derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones de España. Pero la configuración del modelo territorial establecido en la Constitución precisa como requisito inexcusable de las más altas cotas de lealtad institucional, totalmente incompatible con el propósito de algunos de romper la Nación española utilizando como plataforma para ello las cotas de autogobierno que la propia Constitución ha hecho posible.

No cabe mayor deslealtad.

Se trata de una aventura secesionista inviable jurídicamente, que parece querer distraer la atención de los ciudadanos respecto a los graves problemas económicos y sociales que atraviesan de manera especial algunas comunidades autónomas.

Superar la grave crisis que vivimos actualmente está requiriendo del esfuerzo de todos, y los propósitos independentistas suponen una dificultad añadida al proceso de recuperación económica, porque estos planteamientos atentan contra uno de los principales valores aportados por la Constitución, como es la estabilidad política, un factor clave de nuestra competitividad y de nuestra credibilidad internacional.

Que no duden, quienes desde el autogobierno que les ha permitido alcanzar la Constitución, pretenden romper unilateralmente la unidad nacional, que la propia Constitución, y el resto del ordenamiento jurídico, incluyen instrumentos eficaces para impedirlo.

En un mundo cada vez más globalizado y competitivo, es tiempo de abrir espacios y no de levantar barreras; de pretender objetivos comunes, y no de fomentar la división.

Necesitamos una España fuerte y unida, que sea la suma de todas y cada una de las comunidades que la han conformado históricamente. Una España abierta y plural, donde las comunidades autónomas puedan desarrollar sus potencialidades en un clima de tolerancia y libertad, sin más limitación que el marco constitucional.

Nadie puede ser excluido, ni puede autoexcluirse, de esta meta común, según parece pretender alguna comunidad, como Cataluña.

Precisamente por ello, en estos momentos más que nunca, hay que decir alto y claro, desde la convicción, la lógica y el corazón, que España necesita a Cataluña y Cataluña necesita a España. Juntos hemos superado grandes dificultades a lo largo de los siglos y no podría comprenderse la España de hoy sin la enorme contribución de Cataluña a la cultura, la economía, el arte y la ciencia, que son ya patrimonio de todos y cada uno de los españoles.

Queremos a Cataluña y a los catalanes, no hay razones objetivas para lo contrario y, precisamente por ello, podemos y debemos entendernos en el marco de la Constitución de 1978, que es la Constitución de todos. Nada puede haber tan importante como para hacer que se rompa unilateralmente una convivencia forjada a lo largo de siglos de historia en común.

No olvidemos, sin embargo, que la Constitución Española no es ni puede ser, en modo alguno, un texto inamovible, que deba permanecer inalterado a lo largo del tiempo. Su articulado incluye mecanismos para llevar a cabo reformas, de acuerdo con un procedimiento que requiere de mayorías cualificadas y de la participación de todo el pueblo español.

Sí, pues, a las reformas tramitadas legalmente y desde el consenso, que pueden resultar necesarias:

– Para extender las cotas de autogobierno dentro de los límites constitucionales.

– Para dotar de coherencia y máxima equidad al sistema de financiación autonómica.

– Para desarrollar las previsiones legislativas constitucionales, a la luz de la experiencia de estos 35 años.

– Para redistribuir competencias con el fin de eliminar duplicidades, racionalizar la Administración, disminuir el gasto público, evitar la ruptura de la unidad de mercado e impedir ineficiencias en la gestión.

Pero no, un no rotundo y sin ambages, a los procesos unilaterales que, al margen de la ley y de las previsiones constitucionales, pretenden romper España y destruir su identidad como Nación, queriendo dejar atrás siglos de historia, de cultura y de valores compartidos, sin contar para ello con la decisión de todos y cada uno de los españoles.

Quienes esto persiguen se encontrarán, no les quepa duda, con la firmeza del Gobierno de España, y la fortaleza y el rigor de la propia Constitución.

Una Constitución que refleja los anhelos del pueblo español de convivir en paz sobre la base de irrenunciables principios de libertad, justicia, equidad y seguridad.

Una Constitución y unos principios por los que muchos han dado su vida. Precisamente por ello hoy, aquí, quiero transmitir todo mi cariño y rendir el más cálido homenaje a las asociaciones de víctimas del terrorismo, algunas de las cuales nos acompañan en este acto, y expresarles mi solidaridad en estos dolorosos momentos, en los que se nos hiela el corazón al comprobar que legalidad y justicia, términos que creíamos idénticos, siguen incomprensiblemente caminos dispares.

Como delegada del Gobierno en Madrid, reitero en un día tan señalado como hoy mi compromiso de velar por el cumplimiento de la letra y el espíritu de la Constitución española en el ámbito de nuestra Comunidad Autónoma, lo que supone ineludiblemente:

En primer lugar, garantizar el ejercicio de los derechos fundamentales en los términos que establece la propia Constitución.

En segundo lugar, hacer compatible en todo momento los principios de seguridad y libertad, como referente esencial de la labor que realizan las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

Y, por último, velar por que el Estado de Derecho sea una realidad y se configure día a día como fundamento del orden político y la paz social.

Convoco a todos los madrileños y madrileñas a trabajar solidariamente en la consecución de estos objetivos y a mantenernos unidos en torno a la Constitución, desde el convencimiento de que juntos somos más fuertes, y de que es más lo que nos une que lo que nos separa.

Permítanme que, para finalizar, evoque a John Fitzgerald Kennedy, cuando se conmemora el 50 aniversario de su asesinato, reproduciendo una de las frases de su discurso de toma de posesión, en la que llama a la unidad de quienes comparten un origen cultural y espiritual común:

“Unidos, es poco lo que no nos es dado hacer en un cúmulo de empresas cooperativas; divididos, es poco lo que nos es dado hacer, pues reñidos y distanciados no osaríamos hacer frente a un reto poderoso”.

España tiene ante sí, probablemente, los mayores retos políticos, económicos y sociales de su historia, y para superarlos necesitamos, más que nunca, mantenernos unidos y seguir siendo lo que somos: una gran nación.

 

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