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Rajoy y la regeneración – La lista más votada

Rajoy propone que en ayuntamientos gobierne la lista más votada.

 

Foto: internet
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Estamos acostumbrados a que nuestros políticos, conforme se van acercando unas elecciones, se lancen a promulgar todo tipo de propuestas con el fin de ganar adeptos. Algunas veces la intención no es otra que desviar la atención sobre las críticas que están generando sus políticas. Otras veces no son más que promesas que sus electores quieren escuchar, aún a sabiendas de que no van a cumplir ni una. Ahora llaman a eso ‘populismo’, refiriéndose a otros partidos, pero en el PP es algo que saben hacer muy bien desde hace muchos años. Sin embargo hay ocasiones en las que no son simples ocurrencias. Esas son las realmente peligrosas. Cuando las propuestas que sueltan como si se les acabara de ocurrir, pero en el fondo son perfectamente meditadas y calculadas al milímetro, es cuando verdaderamente debemos preocuparnos. Esta semana, bajo el manto de la ‘regeneración democrática’, Rajoy nos ha traído dos asuntos que considera claves para tal fin. El primero es justamente a lo que me refería sobre los populismos: plantear la reducción de aforados, cuando están aforando en contra de la opinión de todos los demás partidos, e incluso el presidente del Congreso lo califica como chapuza, es un chiste de mal gusto. Pero el segundo asunto es una declaración de intenciones en toda regla. Tienen previsto aferrarse al sillón y no van a dudar en cambiar las reglas del juego si fuese necesario para conseguirlo.

Ya, durante su primer año de gobierno, lanzaron el globo sonda de rebajar en un 30% el número de concejales en los ayuntamientos. La idea no prosperó ya que ni los suyos estaban de acuerdo con esta medida. Poco después realizaron otro experimento en Castilla-La Mancha. Primero Cospedal modificó la Ley Electoral para ampliar el número de escaños de 49
a 53, viendo que ese aumento le era favorable. Tan solo 371 días después, propuso rebajarlos a menos de la mitad, 25 concretamente, al ver los pésimos sondeos de su gestión. Finalmente, en marzo de este año, y gracias a su mayoría absoluta, sacó adelante esta segunda reforma que puede que le ayude algo en mantener su trono. Me gustaría ver los titulares de algunos diarios de haberse producido esto en Venezuela, por poner un inocente ejemplo.

Rajoy propone ahora que en los ayuntamientos gobierne el alcalde de la lista más votada.

Puede parecer una propuesta lógica, pero nada más lejos de la realidad. Las encuestas vaticinan que pueden perder numerosos municipios, entre ellos Madrid y Valencia, si los partidos de izquierdas se coaligan. Impedir que en los ayuntamientos se vea expresada la voluntad de los ciudadanos es un órdago que no vamos a permitir bajo ningún concepto. Ni es constitucional, ni vamos a consentir golpes de Estado a la democracia a través de las Instituciones por parte de estos ineptos.

Si estuviera preocupado por la regeneración democrática, ya está tardando en dejar de meter la mano en los asuntos judiciales. Si pretende que la propuesta quede mínimamente creíble, ya puede empezar por expulsar al alcalde de Brunete por intentar comprar a concejalas de la oposición o a Cotino por quererse hacer de oro a costa de los dependientes. Esto solo por hablar de casos de los últimos días, porque si retrocedemos en fechas su partido quedaría ilegalizado. No sea más sinvergüenza, presidente, háganos un favor y cállese.

Esperanza y regeneración

Cuando hablo de esperanza no hablo solo del estado de ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos, sino también de Esperanza con mayúscula, Doña Esperanza, o Sra. Aguirre.

Me refiero a esa Sra. que dirigió la C. de Madrid con mano de Hierro durante 9 años y donde no se movía un papel sin que ella lo supiera. La misma que ahora, un cuarto de hora después de dejar su puesto, ha sorprendido a propios y extraños al afirmar públicamente que es necesaria una regeneración democrática urgente y listas abiertas para, cito textualmente, “acabar con la indignación popular y devolver a los ciudadanos el poder que estos años les han quitado”. Que un político reconozca que han quitado poder a los ciudadanos está bien, pero que lo haga la condesa consorte de Murillo es de traca. La trama Gürtel, que tanto revuelo está causando, nació precisamente en Madrid y si ella no está imputada no es porque la Fiscalía Anticorrupción no haya dado por cierto el informe que certifica el PP de Madrid incurrió en delito electoral al alterar las cuentas de las campañas de 2003 (1,2 millones) y 2004 (800.000 euros) y en falsedad documental por la alteración de las facturas, sino porque esos delitos ya han prescrito.

De cualquier modo, nada de lo que ocurra en ese partido nos puede sorprender a estas alturas. De Bárcenas, ese tesorero del que ahora todos reniegan y que muchos afirman ni conocer –aunque no se finiquitó hasta el pasado diciembre- llegó a decir Rajoy en 2009 que nadie podría probar su inocencia, ligando de esta forma su futuro al del ex-tesorero. Para los anales de la historia queda la frase.

De la misma forma quedará para los restos la frase de la ministra Mato al quererse desmarcar de los regalos recibidos de la trama Gürtel diciendo que sería dar un gran paso atrás culpar a una mujer por lo que haya hecho su marido. No señora Mato, no. Lo que sería dar un gran paso atrás es mantener que usted, como señora de Sepúlveda, ni sabía ni se enteraba de nada, dando a entender que lo que ocurre en casa es cosa de los hombres. Si ya suena aterrador que esta postura la tome una señora cualquiera, aún peor es cuando esta señora es quien rige los destinos de millones de ciudadanos desde el Ministerio de Sanidad. Su ya ex-marido, por
cierto, después de tener que dimitir como alcalde de Pozuelo en marzo de 2009 por su relación con la trama corrupta del PP, ha seguido cobrando de esta partido hasta el día 11 de este mismo mes, ya que, según decían, le amparaba el Estatuto de los Trabajadores.

Confetti y Estatuto de los Trabajadores para todos, por favor, no solo para unos cuantos.