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Cuestión de telegenia, cuando no sólo se ganan mentes, sino también corazones

La democracia de la imagen política, aquella que desde hace años se cuela en nuestros hogares principalmente a través de la televisión y ahora más que nunca, a través de las redes sociales, adquirió importancia un día de 1960 cuando en el primer debate político televisado de la historia, el joven demócrata John F. Kennedy derrotaba al republicano Richard Nixon, un veterano político y, hasta ese momento, claro favorito para ocupar la Casa Blanca en aquellos comicios.
Lo paradójico fue que los ciudadanos estadounidenses que habían seguido el debate por radio dieron por vencedor a Nixon, mientras que los que lo habían hecho por televisión, se decantaron claramente por el Kennedy. Y es que uno de los secretos mejor guardados de aquel momento fue la trascendental influencia que tuvo la estrella cinematográfica Peter Lawford, cuñado de Kennedy, lo que propició que el grupo se interesase por el asunto y se convirtiera en responsable indirecto de lo ocurrido en aquel plató de televisión. (T. Clarke)
Ellos conocían de sobra hasta dónde llega la influencia de la imagen de los actores de cine en la sociedad, e intuían que parte del futuro de la política pasaba por este hecho y avisaron al joven Kennedy de la importancia de saber estar ante las cámaras. Y para demostrárselo, le sometieron a un curso intensivo de presentación y posado. Le obligaron a ensayar durante días las miradas y las pausas en el lenguaje, lo que le permitió dominar los tics verbales y rentabilizar sus mejores ángulos de cámara.
Un momento que, además de marcar el comienzo de la telegenia electoral, sirvió para que la clase política comenzase a entender que los que hasta esos días se habían desenvuelto bien entre los mítines, la prensa y la radio de la época, debían reconvertir su atención y centrar más su interés en esa imagen conformada por los nuevos medios de comunicación de masas.
Desde 1960 ha pasado tiempo y la telegenia pública y política es una realidad consolidada. Un ejemplo que nos encanta contar a los consultores (confesémoslo): en 1981 el publicitario francés Jacques Séguéla le serraba los colmillos, literalmente, al candidato socialista François Mitterrand para eliminar su sonrisa vampiresca y presentarlo visualmente como la fuerza tranquila. Una tranquilidad que le permitió presidir la V República Francesa durante algún que otro año (14).
Y continuando esta tendencia, según las sociedades se han ido desarrollando y las nuevas tecnologías han impuesto lo visual sobre lo oído y escrito, la imagen se ha convertido en uno de los principales factores de valoración política originando que la apariencia, los gestos y los modos de los políticos, se hayan convertido en aspectos de notable influencia en las conductas de los electores.
  
La razón es simple, vivimos, opinamos y decidimos en la cultura de la mirada, uno de los sistemas fundamentales de relación, lo que ha provocado que la imagen haya adquirido un especial significado como determinante de ciertos estados de opinión.
Una sociedad que obliga a que los gestores de ésta, los políticos, transmitan una personalidad gratificante que evoque orden, autoridad, estabilidad, y eficacia. Y en eso reside la formación de la imagen pública y política.
Conviene comentar algo sobre la comunicación verbal, esto es, sobre lo que cada político dice, y cómo lo dice, y su influencia en la imagen final. Pero, por un lado el espacio manda y, por otro, hay que destacar que, en contra de las creencias comunes, este tipo de comunicación no influye tanto como parece.
Fotos: Instagram.com/jfk_lover_

 

Porque en las propuestas que los partidos hacen para los convencidos o semiconvencidos, que son a quienes les interesan las palabras, es decir, el discurso en sí, únicamente influye en torno al 10 por ciento, mientras que lo visual (actitudes, lugares, gestos, vestuario y lenguaje corporal) lo hace en torno a un 50 por ciento. El porcentaje restante se corresponde con el paralenguaje (forma de hablar, de expresarse, tono, inflexión…). Y, por encima de todo, la imagen del partido y las circunstancias coyunturales. Por lo que hay que seguir creyendo eso de que, al menos en política, la mayoría piensa con los ojos. 

El debate en PSOE

“Lo que hunde a Chacón es su tono mitinero”
Ha ganado Rubalcaba a Chacón. Parece que estaba claro, por la experiencia frente a la menor experiencia, y por las corrientes del partido que empujaban a su favor. Pero probablemente hayan tenido algo que ver sus respectivas habilidades de hablar en público. En sus discursos en el Congreso de Sevilla, siempre un buen sitio para ganar a lo que sea, los dos dejaron claro qué tal lo hacen en el apartado de oratoria. Es posible que muchos votantes se plantearan qué tal quedaría cada uno de los candidatos peleando en el parlamento contra una pared de mayoría absoluta. Y el resultado es claro.
Los dos usan una retórica manida pero no por ello menos efectiva, con la demagogia que cabe esperar de la ocasión. Rubalcaba le echa la culpa de todo a los “poderes financieros” y a la crisis, y se echa unas cuantas flores relacionadas con el terrorismo. Chacón también le echa la culpa a la crisis y reconoce que no lo han hecho muy bien, jugando la carta de la autocrítica para aparecer fiable por lo transparente. Pero Rubalcaba no juega esa partida, prefiere que se la coma Chacón si quiere. En la misma línea, que no le favorece, Chacón le reconoce a Rubalcaba su éxito contra el terrorismo. Chacón se apoya más en Zapatero, como su mentor, para arroparse en lo que le quede de aura de líder. Rubalcaba se apoya en la historia anterior del partido, mucho más lustrosa que la reciente. Los dos repiten sin parar “compañeras y compañeros”, a lo Rusia 1917. Y los dos dicen frases vacías de congreso político, como “no empecemos de cero, empecemos de nuevo” (Chacón), o “sabré cambiar al PSOE para que siga siendo el PSOE” (Rubalcaba)
Rubalcaba deja claro al principio por qué es superior a Chacón, con una sencilla frase que la destroza. Dice como de paso, sonriendo y a modo de chanza, que los dos se han comportado con elegancia, aunque ella ha dicho “unas cincuenta y ocho veces que soy el pasado, y yo he dicho unas sesenta que tengo mucha más experiencia que ella”.
Ambos empiezan muy bien, sin deshacerse en agradecimientos y lanzándose directamente con algo que atrapa la atención. Rubalcaba con que quiere mucho a su partido, y Chacón con los votantes que aún les quieren.
Lo que hunde a Chacón es su tono mitinero, sobre unas notas que consulta demasiado frente a un adversario que apenas las mira, y que aparece mucho  mas natural y relajado, esta vez sin parpadear tanto como suele hacer. El tono mitinero consiste en acabar las frases en alto, continuamente. Se le pilla enseguida y el público se coloca en modo “me están contando lo que quiero oír”. La sonrisa de Chacón es forzada, frente a la espontánea de Rubalcaba. Chacón agarra el atril y se apoya en él, a modo de parapeto y quitándose apariencia de seguridad. Rubalcaba apenas lo toca, únicamente se coloca los micrófonos de vez en cuando.
Chacón aparece tensa en todos sus gestos. La voz le sale cascada, y no creo que sea de haber pasado la noche de fiesta. Sus manos parece que siguen el guion dictado por su coach de hablar en público, gesticulando de modo exagerado para resaltar sus puntos.
Rubalcaba por el contrario aparece seguro de sí mismo, como si no le fuera la vida en esto. La voz es firme y está bien modulada. Si tuviera que mejorar algo, sería ese baile tras el atril, y sus manos que siguen con ese tic de juntarse de vez en cuando a la altura del ombligo. También tendría que dejar de mover el índice y el pulgar juntos a modo de pico de pájaro buscando el ojo del adversario. Es un gesto que acaba por despistar.
El vestuario elegido es intachable en los dos casos, con camisa y blusa clara que contrasta con colores poderosos en la chaqueta. Chacón podría haberse puesto un broche para resaltar más su cara, como cuando era ministra, pero no pega en el congreso del PSOE.
Es posible que en el gobierno estuvieran deseando que saliera elegida Chacón. Aunque habría hecho más difíciles muchas cosas, habría sido pan comido en el parlamento los miércoles.

Discurso Obama – escenario tv

El día 3 de enero de 2009, Barack Obama pronunciaba su mensaje semanal de radio y televisión a través de la web change.gov, donde habló de algunas de las propuestas que va a desarrollar su nuevo gobierno. Nosotros nos vamos a centrar en el escenario del video.Se detecta una estructura rígida en la que están muy bien definidas las 3 zonas, la zona central y principal donde se sitúa el candidato, con fondo claro para que destaque la imagen de Obama, una segunda donde se encuentran una foto y un lámpara, y una tercera zona a la derecha del candidato donde encontramos la bandera y una colección de libros, estás dos zonas se encuentran en oscuro para destacar la zona central y no distraer al espectador centrado la atención en el speecher. Nuestros ojos centran la atención mucho mejor las zonas mejor iluminadas y los contrastes de colores de ahí que se centre al candidato en la zona clara dejándola delimitada por las cortinas que evitan distraer la atención.
Los objetos. Un cuadro de su mujer con su hija mayor que da valores familiares al interlocutor y le acerca a los ciudadanos. Un lámpara que ilumina, muchas interpretaciones podríamos darles pero nos decantamos por simbolizar esa nueva luz que necesidad la sociedad americana. La bandera americana que nos da los valores patrios y la colección de libros, con la que nos decantamos porque aporte el simbolismo de los conocimientos necesarios para la gestión del país.
Podríamos hablar de las manos, el traje y demás pero eso lo dejamos para otro post, en este nos queríamos centrar en el escenario. Las técnicas de telegenia están cada vez más implantadas en las campañas de los candidatos, en EEUU son algo a la orden del día, en España se van introduciendo poco a poco aunque solo a nivel de grandes candidatos. La gestión de los medios de comunicación se hace cada vez más importante incluso a nivel local, con candidatos locales, aunque para esto todavía falta cultura política.